Obane parte 1
11 de enero de 2026, 11:20
Estaba en aquel patio que no había visitado hace años y hasta juraría haber olvidado, su tamaño era más bajo, frente a él había un niño y dos niñas, quienes se acercaron.
Ya recordaba muy bien esto, era aquel juego de niños que se trataba de “robar” un beso y consistía en que ellos debían seguir a las otras, era inocente el juego.
Se inició una partida, Takahiro corrió con ánimos y su compañero después, se centró en una de las niñas y de reojo veía como su compañero atrapaba a la otra, parecía sencillo y hasta pensó que lo iba a lograr.
Pero cuando estaba cerca y a punto de atrapar a su objetivo, la chica tomó fuerza de quién sabe dónde y salió corriendo hacia la dirección contraria, justo para correr alrededor de su compañero.
Takahiro al ver eso sintió una punzada en el corazón antes de empezar a alejarse, de vez en cuando miraba como las chicas “huían” del otro. Y luego despertó.
Sus ojos recorrieron la habitación, había vuelto a la realidad y mientras lo hacía, se incorporaba lentamente saliendo de la cama. Ya estando de pie se estiró y de miró en un espejo cercano, mirando el collar de perro que tenía en su cuello.
Cuando aceptó que Mae fuera su dueña, su vida había cambiado, cada cita que tenía con ella era bien remunerada y gracias a eso pudo pagar sus deudas, hasta se compró un nuevo celular, uno de última gama.
Aunque esos días fueron realmente humillantes de cierta manera, ya que ella realmente lo trataba como una mascota, ya que tenía una correa que la enganchaba el collar, en restaurantes le daba resto de comida y cuando se “portaba mal”, lo reprendia con golpes, que no eran nada suaves.
A este punto ya no tenía la necesidad tan alta como antes, pero no podía dejar de verla, después de todo lo amenazaba con compartir ciertas fotos que le había tomado, donde lo mostraba en su vida como mascota.
Así que con esas fotos, no podía irse tan fácil, por eso seguía yendo a las citas con ella y pese a que lo humillaba, no podía decir nada, después de todo era hombre y en ocasiones la dignidad de serlo juega en tu contra.
Además de que no tuvo buena experiencia con los oficiales, así que no podía hacer nada, igual, al menos sentía que a alguien le importara de cierta manera, ya que al no tener amigos ni familiares de confianza, veía a Mae como la única constante en su vida.
Tras un corto baño, tomaría el celular y se marchó a la universidad, había cambiado el horario, no por gusto, sino porque debía, ya que las mejores “citas” con Mae sucedían en la noche. Claro que fue con una ropa que impedía que el collar pudiera verse.
Las clases pasaron en un parpadeo iniciando así, el tiempo para almorzar. Se dirigió al comedor y calentó su almuerzo, se sentó en una mesa vacía, ya que sentía que así era mejor. Cuando se dispuso a empezar a comer, escuchó como una silla era movida, cosa que le llamó la atención.
Sus ojos se abrieron al ver que la que se sentó a su lado era Murasaki, quien tenía unos libros y parecía que no se había dado de cuenta en donde se había sentado.
Takahiro se le quedó mirando unos segundos antes de empezar a comer, hace un tiempo sentía sudor y hasta que su corazón latía con rapidez estando a su lado, lo había sentido en varios proyectos y cuando ella le preguntaba algo, pero ahora no sentía nada y así era mejor.
Cuando terminó se dispuso a levantarse con ganas de salir de allí, pero algo la detuvo y era la mano de Murasaki, la cual sujetaba su muñeca.
– Takahiro ¿Por qué cambiaste de horario? – Fue directa y su rostro que parecía estar en el libro, se levantó y enfocó sus ojos en él. – Sabes que íbamos a empezar un proyecto y siempre hacemos esos juntos…
Un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir la mano de ella, se le quedó mirando y suspiró. – No tenía opción, debía cuadrar mis horarios debido a mi nuevo trabajo – Dijo tajante, casi sin sentimiento alguno ¿Y por qué tenerlos en alguien que nunca los iba a coresponder? – Además no soy único, puedes elegir a cualquiera que sea incluso mejor que yo – Añadió y con suavidad le hizo retirar su mano.
Los ojos color avellana de Murasaki no dejaban de escrutarlo, podía ver que había cambiado algo en él, pero no sabía qué, hasta su forma de vestir era más diferente, más cerrada…
– Oye, pero siempre hacemos los proyectos juntos y sacamos las mejores notas… – Dijo sin dejar de mirarle, como si aquello le ayudará a entender su extraño cambio.
Takahiro se le quedó mirando y dio un paso hacia atrás. – Lo siento, no todos tenemos apoyo en su familiares ni amigos. Así que sin nada más que decir me voy – Dicho eso empezó a retirarse, sin notar que Murasaki se le quedó mirando con una expresión atonita.
Cuando el salió del comedor, sintió que su cuerpo empezó a temblar y miró sus manos, no esperaba que fuera capaz de decirle eso y por unos momentos, tuvo la ilusión de que ella lo deseaba, pero recordó que tenía pareja y se le quito.
Apretó sus dientes y salió para tomar las últimas clases del día. Pensó que iba a ser las mismas cosas de siempre, pero en la última clase, el profesor fue reemplazado por un sustituto, que no dio una clase, sino que habló sobre las cosas que venían y que uno no debía quedarse estancado.
El profesor habló sobre la nueva tecnología y sobre los robots, Takahiro al escuchar eso, recordaría varias películas donde los robots viven con los humanos y hasta pensó que podría comprar uno de esos para tener un acompañante.
Él presto bastante atención y hasta tomo apuntes, después de la clase, se metió a la tienda del celular, para buscar una aplicación de asistencia. Empezó a descargar varias y al probarlas sentía que no cumplían con lo que quería.
Las fue desisalando una a una y cuando iba a probar la aplicación con el nombre Obane, que extrañamente le hacía pensar en una señora mayor, recibió una llamada. – Mae… – Dijo, mientras esperaba el transporte, contestó y con una falsa sonrisa le saludo.
Como era usual, Mae le habló un poco del día y que necesitaba verlo para contarle algo, hasta le dijo como debía que llegar. Tras las instrucciones, Takahiro suspiro y guardó el celular, olvidando que iba a probar la app.
Cuando llego a casa, buscó la ropa que ella le pidió, luego espero a que le mandara la dirección de donde podía encontrarse, ya con eso, decidió coger rumbo hacia ella.
Llego a un restaurante cuyo nombre no podía pronunciar porque estaba en frases y su tipografía apenas era legible. Él espero afuera hasta que Mae llegó, cuando ella llegó, no lo haría sola, sino alguien más le acompañaba.
Takahiro apenas miró la escena y se encogió de hombros, no era como si le importase mucho en esos momentos, quizás era un amigo o un familiar, no sabía y tampoco le interesaba.
El grupo entró al restaurante, Mae y su acompañante se sentaron al lado del otro, mientras que a Takahiro lo obligó sentarse frente a ellos. El mesero trajo el menú y el dúo empezó a pedir mientras Takahiro miraba el entorno.
Sus ojos recorrieron las mesas de manteles rojos con floreros, en las cuales había parejas y en una que otra grupos más grandes, siguió recorriendo el restaurante topandose con uno que otro cuadro y cuando se iba a detener algo le llamó la atención.
Una vez más veía a Akiko, que estaba bien vestida y con un acompañante que no alcanzaba a ver, al igual que la anterior vez, la veía charlando con alegría mientras tomaba las manos del acompañante.
– Oye tú – Una voz seca hizo presencia, una que conocía bastante bien y se trataba de Mae. Giró su cabeza hacia ella y la miró. – Eso está mejor, no te dije que podías mirar el entorno. – Añadió con cierta molestia y los ojos de Taka bajaron hacia la mesa, para ver como Mae tenía su mano encima de su acompañante.
– Vaya, en serio te obedece como una mascota – Dijo asombrado el chico con una leve sonrisa mientras miraba el collar rosado. – Curioso ¿Acaso le gusta los hombres? – Preguntó antes de mirar hacia Mae.
Mae le sonrió a su acompañante. – Realmente no sé que le gusta, pero tampoco quiero conseguirle a alguien para que se divierta, quiero que sea casto – Comentó antes de mirar de reojo a Takahiro, para ver que estaba centrado en sus manos. – Ah, sí, tengo entendido que los perros debes presentarle a las personas, porque las puede desconocer y hasta atacar…
En esos momentos Takahiro levantó la mirada, le impresionaba el hecho de que esas palabras ya no le afectará, quizás se había acostumbrado.
– Bueno mi querido Takahiro, él es mi novio Makoto – Y cuando dijo eso, empezó a besar al chico con pasión, como si quisiera despertar celos en su mascota.
Takahiro al ver la escena, sintió un dolor punzante en su pecho, no era el hecho de que ella estuviera besando a su novio, sino que se dio de cuenta de algo: realmente no valía nada, sin querer empezó a recordar todos sus fracasos de amor, desde el primero, que lo revivió ese día por medio de un sueño y lo volvía a revivir ahora.
El chico se levantó con hostilidad y se dio media vuelta, tenía intenciones de irse, pero escuchó un chasquido de dedos que lo hizo detener, aquella acción lo hacía Mae cuando le disgustaba algo.
– Takahiro ¿Dónde crees que vas? – Diría con hostilidad y sus ojos estaban clavados en él.
– Dejalo, seguramente necesita hacer sus necesidades, ya sabes los perros tienen su vejiga pequeña – Makoto le acarició la mejilla mientras decía eso.
Mae acercó más la mano de él en su mejilla mientras se frotaba en ella. – No comprendes, si dejo que haga lo que quiera… – Fue interrumpida por Makoto, quien le puso un dedos en sus labios para que guardará silencio.
– Vamos, ya me presentaste a tu mascota, así que no tiene caso que la mantengas aquí. – Diría suavemente mirando hacia Takahiro, quien aún estaba de espaldas.
La rubia suspiró y relajó su cuerpo. – Tienes razón, esta cita es mejor que esté entre nosotros dos… – Dijo rodeandolo con los brazos. – Bueno, ya puedes irte querido Takahiro – Añadió haciendo el típico gesto para alejar a un animal.
Takahiro apretó sus dientes y salió de ese restaurante lo más rápido que pudo, ya afuera libero un gran grito lleno de ira contenida mientras unas lágrimas recorría su mejillas ¿Cuánto más debía aguantar? ¿Cuándo iba a llegar el día de su suerte?
No lo sabía y lo frustraba, salió del restaurante para buscar el paradero más cercano, quería volver a casa y mientras planeaba la ruta en su celular, una notificación apareció en su celular.
No venía de la app de citas, además no reconocía la aplicación, le dio clic por curiosidad y al hacerlo una pantalla de carga con el nombre de Obane fue abierto.
Obane: “¿Puedo ayudarte?”
Era el mensaje que la recibia, Takahiro se miró en el reflejo del celular y vio sus ojos rojos.
Takahiro: “No lo creo, nadie puede”
Fue lo que envió, antes de cerrar la aplicación y guardar el celular, en esos momentos sintió una presencia cercana y por unos momentos se helo, ya que pensó en que nuevamente iba a ser drogado y robado, ese miedo persistia y sabía que no iba a irse tan rápido.
– Ahora no es tan fácil ¿Verdad? – Una voz completamente desconocida le hablo desde atrás y él dirigió su atención hacia esa dirección, solo para ver que le estaba hablando Akiko. – Buena suerte en tu próxima cita “mascota” – Fue lo único que dijo antes de alejarse.
Takahiro se quedó helado, tanto que no sintió como el bus que debía tomar, paró para que subiera algunos pasajeros, cuando inició su marcha, el joven volvería su mirada al frente, nuevamente con lágrimas en su rostro.