ID de la obra: 1567

Destinada a la oscuridad

Het
NC-21
Finalizada
6
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
74 páginas, 31.704 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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Capítulo 6: Vulnerabilidad

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Alex cerró los ojos con fuerza, luchando contra la sensación que se apoderaba de ella. No quería ceder. No podía ceder. Cada fibra de su ser le gritaba que resistiera, pero el roce de Thantos sobre su piel encendía una confusión aterradora en su mente. Él lo sabía. Disfrutaba su control absoluto sobre ella, la manera en que podía jugar con sus emociones, su voluntad, con cada parte de su ser. —No es tan diferente a lo que sientes ahora, ¿verdad? —su voz sonó más suave, pero cargada de intención, y su mano, tan caliente que quemada, se deslizó aún más abajo, lenta, pausada, disfrutando del control que ejercía. Cada toque hacía que los músculos de Alex se tensaran, pero no podía moverse, no podía gritar. Estaba atrapada, física y mentalmente, en la oscuridad que él le imponía—. Este placer… podría ser tuyo, Artemis. Podrías tenerlo todo con la misma intensidad con la que me lo has dado a mi. El aliento de Thantos, suave contra su piel, la hizo estremecerse mientras el sudor frío recorría su espalda. La cercanía de su cuerpo, la manera en que controlaba cada aspecto de la situación, se sentía como una prisión invisible. Alex sabía que su cuerpo estaba traicionando su mente, y eso la enfurecía aún más. La oscuridad que había dentro de ella, la que él mencionaba, era como una semilla que él había plantado años atrás, y que ahora florecía bajo su toque. —Solo tienes que rendirte —susurró Thantos, sus labios apenas rozando los suyos, lo suficiente para que sintiera el calor de su boca sin llegar a un beso completo—. Ríndete a mí, y todo este sufrimiento acabará. Vamos, Artemis, será muy placentero. Pero Alex, incluso en su estado de debilidad y desesperación, encontró una chispa dentro de ella. Una chispa de resistencia, de odio, de rechazo, de asco. No iba a ceder. No iba a dejar que él la rompiera por completo. —Nunca —jadeó, su voz rota, pero firme. Thantos se detuvo, sus ojos claros y penetrantes se encontraron con los de ella, sorprendidos por su resistencia. Por un momento, el placer en su rostro fue reemplazado por una ligera irritación, como si no esperara que ella tuviera fuerzas para resistirse aún. —Entonces, tendremos que hacerlo de la manera difícil, Artemis —susurró, antes de que la oscuridad volviera a envolverla con más fuerza. Su mano presionada sobre su frente, el cuerpo entero estallando en oleadas de dolor. Alex apenas lograba recuperar el aliento tras la sacudida, pero su mente aún estaba atrapada en una maraña de terror y confusión. Thantos dio un paso más cerca, invadiendo su espacio con una presencia opresiva que parecía sofocarla. La oscuridad que lo rodeaba ahora era casi tangible, serpenteando como tentáculos que apenas rozaban la piel de Alex, quemándola, burlándose de su vulnerabilidad. —No deberías resistirte tanto, Artemis —murmuró Thantos con una voz baja y grave, ronca por el excesivo deseo, como un susurro envenenado—, todo sería más sencillo si dejaras de luchar. Sería tan... placentero. Sus palabras cargadas de doble sentido hicieron que un acceso de asco acalambrara el estómago de Alex. La sensación pegajosa y caliente de las sombras comenzaba a hacerse más notoria, acariciando su piel como si tuvieran voluntad propia. Los dedos invisibles rozaban sus muñecas, sus tobillos, y ascendían lentamente, insinuándose bajo el borde de la tela áspera que la cubría. El tacto era perverso, una mezcla de oscuridad y calor que la hacía temblar de asco, pero también de algo más, algo que odiaba sentir. Thantos inclinó la cabeza, observándola como si fuera una presa acorralada, su sonrisa maliciosa cada vez más amplia. —¿Ves? No puedes evitarlo... está en tu naturaleza. La oscuridad te llama, Alex. Y yo... soy la oscuridad misma. Las palabras de Thantos la atravesaban, afiladas, y aunque cada fibra de su ser le gritaba que peleara, que resistiera, sentía que sus fuerzas menguaban bajo esa presión insidiosa. El agotamiento físico y emocional se entrelazaba con el dolor, nublando sus pensamientos. El hombre levantó una mano, trazando un camino invisible desde su mejilla hasta su clavícula, sus dedos no tocaban la piel, pero las sombras lo hacían por él, provocando un estremecimiento involuntario en Alex. —Tu hermana... ella también sería mía —susurró, con una voz que mezclaba seducción y amenaza—, pero tú... tú eres la que me pertenece por completo. No lo niegues, lo sientes, lo sabes. Alex cerró los ojos con fuerza, intentando bloquear el creciente poder que Thantos ejercía sobre su cuerpo y su mente. Pero, por mucho que lo intentara, la sensación de las sombras, de su risa en el aire, de su poder sobre ella, era abrumadora. Nuevamente la mano sobre su frente y la perturbadora sensación la recorrió una vez más. Alex apenas podía respirar después del dolor que recorrió su cuerpo como fuego. Las sombras parecían haberse apoderado de cada rincón de su mente, haciendo que todo se sintiera confuso, nublado. Thantos no apartaba su mirada de ella, como si estuviera deleitándose con cada segundo de su sufrimiento. A medida que su cuerpo temblaba, las manos de la oscuridad se aferraban con más fuerza. —Maldito... —jadeó Alex con todo el odio que su pecho podía sentir, fuera del dolor y la profunda debilidad. Thantos, ebrio de gusto, soltó una carcajada floja. Thantos lo disfrutaba, era evidente, su sonrisa que mezclaba crueldad y deseo. Sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa mientras su cuerpo se inclinaba hacia adelante, colocándose prácticamente sobre ella. Quería más, la quería completa. Quería hasta el último gramo de magia y placer que ella pudiera proporcionarle. Alex pudo sentir el calor ardiente de su cuerpo acercándose, como un metal al rojo vivo, pero era un calor que no traía consuelo, sino una opresión insoportable, como si todo el aire en la habitación se hubiera vuelto denso. —¿Sabes? —dijo en un susurro que resonaba en su mente, mientras las sombras continuaban explorando su cuerpo sin compasión— Nunca pensé que llegaría a disfrutar tanto de estos juegos. Su aliento caliente rozaba su oreja. Ella intentó apartar la cabeza, pero él tomó su rostro con una fuerza inesperada, obligándola a mirarlo directamente. Sus ojos claros eran como abismos sin fin, llenos de promesas de sufrimiento y control. —Hay algo que aún no entiendes —continuó Thantos, su voz goteando veneno mientras sus dedos comenzaban a trazar lentamente circulas alrededor de su pecho derecho, rozándolo apenas— Esto no se trata solo de magia. Esto se trata de placer... y yo tengo el control absoluto. Tú me perteneces, Alex. Cada parte de ti. Las sombras que lo rodeaban parecían volverse más palpables, como si respondieran a sus palabras. Una de ellas se enroscó alrededor de su cintura, apretando lo suficiente para hacerla jadear. Thantos sonrió al ver su reacción, inclinándose aún más sobre ella, hasta que sus labios casi rozaron los de ella. —No hay nada que puedas hacer para cambiar eso —susurró, su aliento cálido mezclándose con el miedo palpable de Alex—. Vas a ceder, porque no te queda otra opción. No me importa si lo niegas... tu cuerpo lo sabe. Alex cerró los ojos con fuerza, intentando bloquear el mundo que la rodeaba, el tacto de las sombras, la presencia de Thantos, pero era inútil. Todo lo que podía hacer era sentir cómo la oscuridad se apoderaba de ella, cómo su resistencia se desmoronaba lentamente bajo el peso del poder de Thantos, así como el peso de su cuerpo. Hasta entonces ella no lo había comprendido, pero Thantos estaba sobre ella en el camastro de piedra, ahora eran sus manos, las humanas, las marcadas con las quemaduras, las que se deslizaban sobre la tela de su ropa improvisada. Y al tiempo en que ella pensaba esas cosas, él decidió que ya no quería que la tela estorbara por más tiempo su deleite.
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