ID de la obra: 1567

Destinada a la oscuridad

Het
NC-21
Finalizada
6
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
74 páginas, 31.704 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 7: Habilidad nueva

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Alex escuchó el sonido de la tela áspera de su vestido rasgarse ante la fuerza de las manos de Thantos. El pánico se apoderó de su ser entonces, lo último que la defendía había desaparecido. Ahora ella se encontraba débil, pero no lo suficiente como para no percibir lo que sucedía con mayor claridad ahora que recuperaba con lentitud los sentidos. El hombre estaba de rodillas entre sus piernas, mientras se deshacía de la tela de la ropa improvisada que Illeana le había dado. Cuando su piel quedó de verdad al descubierto de sus manos, Alex volvió a removerse, tratando nuevamente de forcejear sin mayores posibilidades que antes. A pesar de las sensaciones traidoras que la embargaban y del calor del cuerpo de ese ser de pesadilla, ella aun conservaba parte de su cordura. —Como has crecido, Artemis —jadeó él mientras pasaba los ojos por encima de su piel— ni siquiera Illeana te puede igualar con su piel blanca... Poderosa y además atractiva. Serás mía, Artemis, aunque no lo quieras. Te arrancaré hasta la voluntad... Fue entonces que él se inclinó sobre ella para buscar sus labios al tiempo en que la oscuridad sólida alrededor comenzaba a deleitarse enroscándose alrededor de ella, oprimiendo su cuerpo tanto bajo el peso del hombre como por el tacto insidioso de esas manos oscuras que eran parte de él. Alex gimió, el dolor de un nuevo estallido de energía mágica abandonando su cuerpo cuando él volvió a colocar su quemadura sobre el cristal de su frente. Las manos de la oscuridad acariciaban obscenamente, sin pudor, sin contemplaciones, anidándose y empujando entre los pliegues de su intimidad, oprimiendo sus pechos con hambre y manoseando de manera que ella apenas y tenía tiempo de respirar. Y a Alex le estaba gustando, a pesar de todo, su cuerpo la traicionaba totalmente. Había asco, había odio, pero también había algo de placer. Cuando los dedos reales de Thantos encontraron un lugar entre sus piernas para acariciarla mientras seguía drenándola por la frente, Alex sintió la mezcla más extraña de satisfacción y dolor. Podía sentir la humedad derramándose entre las manos de su torturador, su boca consumiendo la suya, su lengua invadiéndola con apetito fiero y oscuro mientras una sensación parecida se desarrollaba entre sus piernas. Alex ya no tenía fuerza para luchar, estaba ya casi a su merced, no solo débil y vacía de toda magia, sino hambrienta a su vez de más caricias y sensaciones. Entonces se odió a si misma, con mucha fuerza. Mucho más que ante el hecho de ser ella la culpable de toda esta situación. Mientras la oscuridad parecía abrazarla y el cuerpo de Thantos pesaba sobre ella, Alex sintió que una chispa de determinación se encendía su interior. La opresión de su situación era palpable, pero sabía que no podía dejar que el miedo la consumiera. Debía actuar con astucia y, sobre todo, con valentía. Porque Thantos se estaba tomando su tiempo, ella lo veía, pero porque estaba usando una de sus manos para desvestirse. Era ahora o nunca, Alex debía salvarse a si misma. Si algo le había enseñado Thantos esta noche, es que también había oscuridad en ella. Que ella también podía sentirla y, talvez, solo talvez si se concentraba un poco más, podría controlarla aunque fuese en apariencia. Sabía que la magia dentro de su ser no servía como antes, sin su amuleto y con ese cristal que drenaba su energía y volvía más poderoso a su enemigo. Thantos dejó en paz su boca para centrarse en besar y lamer su clavícula y la aureola de sus pezones antes de comenzar a saborearlos uno a uno con ardiente placer. La mano de la quemadura de luna también se apartó de su frente y Alex apretó los dientes para sobrelleva todo. Con un susurro apenas audible, comenzó a invocar un hechizo que había aprendido de Karsh, un conjuro de distracción que resonaba en su mente como un eco lejano. Concentrándose, visualizó la oscuridad que la rodeaba y la transformó en una ilusión vibrante, que brotaba de su desesperación. De repente, una ráfaga de viento helado recorrió la celda, levantando la tela rasgada de su vestido y susurrando palabras ininteligibles. La oscuridad se arremolinó, tomando formas fantasmales que danzaban a su alrededor, retorciéndose en figuras inquietantes que parecían cobrar vida, alejándose de su cuerpo por fin. Dándole un respiro de tanto a la joven. Thantos sintió este cambio, alzándose de sobre ella, intrigado, pasó los ojos por la celda. Se detuvo y se inclinó hacia adelante, su atención capturada por la manifestación. —¿Qué es esto? —preguntó, su tono reflejando sorpresa y diversión— ¿lo estás haciendo tú, Artemis? ¿crees que puedes apropiarte de mis sombras? Aprovechando la distracción, Alex respiró hondo, obligando a la debilidad y al miedo a alejarse, empujándolo con fuerza para que su voz adquiriera un nuevo peso, un eco de poder que resonaba en las paredes de la celda— Esto es solo una pequeña muestra de lo que puedo hacer. No soy solo una prisionera, Thantos. Soy más poderosa de lo que crees. Los ojos de Thantos brillaron con una mezcla de interés, deseo y desdén, su mente jugando con la idea de que una simple niña pudiera ser un desafío. Pero el momento le había dado a Alex la oportunidad que necesitaba. Con un movimiento rápido, hizo que las sombras en la celda se intensificaran, oscureciendo la luz que entraba y envolviendo a Thantos en su propia penumbra. Alex no sabía exactamente qué estaba haciendo, pero estaba logrando extender a su vez su propia conciencia a la oscuridad de su tío y lograr calzarla como un guante. O eso sentía, su voluntad por fin estaba resultando útil. Esas manos mentales que ahora revestía la oscuridad empezaron a apartarlo de sobre ella, no era una fuerza excesiva, pero si lo suficiente como para dejar sorprendido a Thantos. ¿Hasta qué punto compartían genética ambos? Thantos solo era medio hermano de Aaron, el padre de Alex, y el poder de las sombras también existía en ella. Y eso que apenas había descubierto que podía hacerlo. —Si deseas quedarte aquí, será en tu propia oscuridad. Si realmente quieres algo de mí, tendrás que dejarme en paz por ahora —dijo Alex, su voz resonando con una fuerza renovada que le daba un aire de autoridad. Jadeaba por el esfuerzo y la desesperación, las manos físicas de él aun estaban entre las piernas de ella y en su cadera, aunque inmóviles por la sorpresa. Y las manos de la oscuridad de la nada habían pasado a ser completamente de ella. Thantos, aunque intrigado por el desafío, comenzó a perder su compostura ante el asombro y el interés que le despertaba esta situación. —¿Crees que puedes retenerme, pequeña? La oscuridad siempre encuentra su camino. —Pero no hoy —replicó Alex, convencida. Con un gesto decidido, empujó la ilusión de sombras hacia él, creando una barrera que lo mantenía a raya, aunque fuera solo por un instante. La tensión en el aire se volvió electrizante, como un hilo invisible que los unía. Thantos se inclinó hacia ella, no le costó nada ejercer fuerza contra sus propias sombras traicioneras porque a pesar de todo, Alex seguía débil. Su rostro a centímetros del suyo, sus ojos oscuros brillando con una mezcla de frustración y deseo. —Admito que me has impresionado, esto es mucho más de lo que imaginé que tendrías de oscuridad en tu interior... Piensas que puedes jugar con la oscuridad, pero el juego puede volverse más intenso, más... placentero. Alex sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, una mezcla de miedo y algo que desafiaba su voluntad. Con un último esfuerzo, mantuvo su mirada firme en la suya, sintiendo el calor ardiente de su aliento contra su piel. —Esto que tienes es más interesante de lo que creí —insistió él, estudiándola con el mismo apetito oscuro, mordiéndose el labio inferior— Te dejaré, por ahora, pero no pienses que esto ha terminado... Has logrado capturar mi interés más que solo con tu cuerpo y tu magia, querida sobrina... La oscuridad nunca olvida. Con esas palabras, la distancia entre ellos parecía encogerse, y Alex luchó por mantener su compostura cuando la mano entre sus piernas volvió a acariciarla más bruscamente que antes, penetrándola con fuerza con dos dedos lo más profundo que pudo. Ante el grito de sorpresa y dolor de ella, Thantos se echó hacia atrás, una sonrisa torcida asomando en sus labios. —No sabes lo cálida y suave que eres por dentro —jadeó retirando su mano de golpe, sin dejar de reir se la llevó a los labios para probar su dulzura. Alex, ruborizada y asqueada apartó la mirada por completo para no ver el deleite con el que él pasó su lengua entre sus dedos, como si fuera caramelo. Pero no evitó empujarlo lo más que pudo con sus manos oscuras y las piernas físicas. Rechazándolo con repugnancia, sintiéndose sucia, usada, humillada y burlada. —Regresaré antes de que lo esperes, Artemis, —añadió, su voz un suave susurro que la envolvía, una promesa de encuentros futuros— aunque no estés dispuesta a tratar de verdad conmigo Mientras la penumbra que lo rodeaba se disolvía, se dio la vuelta, dejando a Alex en la celda, temblando pero aún en pie. A pesar de la tensión que aún palpitaba en el aire, sabía que había ganado una pequeña victoria. Había descubierto algo nuevo de si misma, algo malo, pero algo que podía usar a su favor. El eco de su valentía resonaba en su pecho, recordándole que el verdadero desafío apenas comenzaba.
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