Capítulo 8: Algo en común
30 de diciembre de 2025, 23:17
Notas:
Quiero decirles que no tienen que seguir leyendo si no quieren, sé que la lectura se está poniendo cada vez más fuerte, estoy consiente del monstruo oscuro que estoy creando en este obra, y me disculpo al respecto. Cuando imaginé todo, sentí que debía mostrar qué tan cruel, pervertido y desgraciado podía llegar a ser Thantos. La oscuridad es así, después de todo.
Pero puedo asegurarles que hay luz en esta historia y que luchará por abrirse paso, por lo menos para huir de su encierro.
Gracias por leer y comentar, estoy muy agradecida al respecto 🤍✨😊
—¿No ibas a decírmelo, verdad?
Illeana se detuvo en la entrada, con su canasta y su lampara de aceite. Alex estaba recostada en el suelo, encogida en posición fetal, desnuda y tan vulnerable como la noche anterior. Se hallaba al lado del abrevadero, de espaldas a la puerta. Ambas escucharon el canto rodado encajar en su sitio al cerrar la abertura y permanecieron en silencio unos segundos más.
—No... —admitió la mujer— ese tipo de cosas... esos sacrificios se hacen sin decirlos. Si los dices dejan de ser acciones abnegadas y se vuelven acciones condicionales, reclamos, puntos sobre la balanza de la moralidad. Si las dicen dejan de tener peso e importancia, dejan de ser acciones sinceras.
Alex se volvió para mirarla. A la luz de la lampara, Illeana tenía un raspón nuevo en la mejilla y una nueva mordida en una parte que mostraba el escote de su ropa improvisada. A juzgar por el nuevo saco que portaba, probablemente Thantos habría rasgado el suyo también y el trato, de alguna forma habría vuelto a estar en pie.
—No tenías que hacerlo, Illeana —le murmuró— ese monstruo te está matando. Y yo no lo valgo. Cam si, pero yo no.
—Dios, Alex, no digas eso —se acercó la mujer a ella, poniéndose de rodillas junto a ella en el suelo— Ambas merecen misericordia, ambas merecen una oportunidad de escapar de él...
—Aun así, rompiste el trato —murmuró ella, de manera que sus palabras sonaran a afirmación y no a reclamo— no te culpo, por supuesto. Yo no habría tenido valor siquiera para sacrificarme así.
Illeana bajó la mirada y dio un tirón suave a la tela áspera de su vestido para cubrir la obscena mordedura de su pecho. Una profunda expresión de desaliento la abstrajo por unos segundos de la realidad.
—Ha sido dificil... muy dificil —dejó que sus palabras se resbalaran por la lengua, sin pensarlas mucho— lo siento, Alex... Thantos ha decidido volver a aceptar mi parte, pero esta vez solo por Camryn... le serviré solo por la seguridad de ella.
Alex se llevó las manos a la boca. El silencio se extendió entonces alrededor de ambas, como algo vivo y real que las acompañase. Eso quería decir que Thantos volvería y que ella no se podría librar de él... A pesar de eso, estaba feliz por Cam, Alex no le deseaba a nadie todo lo que ella había pasado la otra noche. No culpaba a Illeana por romper el trato, solo con ver en qué estado se encontraba después de cada noche, Alex se daba cuenta de que él era mucho más duro con ella de lo que era con ella.
—No pensemos más en eso... —Illeana suspiró pesadamente— ya se nos ocurrirá algo... Ven, levántate para que cure tus heridas ¿Por qué duermes en el suelo, mi niña? yo sé que el camastro no es lo mejor, pero...
—No lo entiendes, Illeana —la interrumpió ella, dejándose incorporar por ella y subir al camastro de piedra para que ella examinara sus heridas nuevas— gracias a esa horrible visita de Thantos, descubrí que yo también tengo oscuridad en mi interior. Y es lógico, soy parte de la luna, después de todo. La noche y las sombras siempre lograban ponerme alerta en vez de hacerme dormir. Ahora veo porqué.
La rubia la miró, sorprendida en gran medida— ¿A qué te refieres? no te entiendo.
Alex dejó que ella empezara a aplicar las compresas de hierbas en los rasguños que las manos físicas de Thantos habían dejado. Trazaban líneas y curvas por toda su piel, incluso había un par entre sus muslos, donde antes había dejado caricias. También había quemaduras en sus muñecas y tobillos. Illeana tenía el ceño fruncido y los dientes apretados por la rabia y la impotencia, pero decidió guardar silencio hasta que Alex decidiese hablar.
—Cuando él vino a violarme aquí la otra noche, —comenzó a decir— manipuló las sombras de la celda, las que anidan en su corazón corrupto y tentó las que él sabía que se escondían en mi propio corazón.
Ambas se miraron a los ojos, la mujer sorprendida por esa revelación, Alex aliviada de por fin haber podido decirlo en voz alta sin titubear. Ahora que lo decía, tenía más sentido que nunca.
—Yo soy como él, Illeana ¿lo entiendes? cuando me lo propuse, aun sin magia y sin fuerza, logré calzarme su oscuridad, hacer lo que él hizo. —alzó las manos frente a los ojos para contemplarlas a la luz de la lampara, como si viera las sombras sólidas alrededor de ellas— pude obligarlo a irse porque soy como él. Solo así pude lograr algo como eso y él, se fue más por voluntad propia que por mis amenazas, eso lo sé. Está claro que yo no estaba representando un verdadero peligro para él. Solo fui una cosa curiosa y nueva... curiosa, supongo... volverá. Volverá porque le intrigo y no me matará por la misma razón...
Illeana apartó la mirada, con los ojos anegados en lágrimas. Parpadeó y un par de grandes gotas bajaron por sus mejillas, dejando un surco de plata sobre el raspón reciente en la blancura de su piel.
—Haré lo posible por ser suficiente para él... —murmuró Illeana— buscaré rehacer el trato. Le ofreceré nuevos juegos que talvez...
—¡No! —Alex la miró con pánico— No, Illeana, no quiero que sigas haciendo eso. No lo permitiré. Nunca lo permitiré. Tú impediste por semanas que me tocase... te debo la vida y no te culpo por no haber soportado por más tiempo. Antes ocurrió porque yo no lo sabía, lo hiciste sin consultarme, pero ahora lo impediré a toda costa.
Le puso una de las manos sobre la suya, que revolvía hierbas en un mortero de piedra. Ella estaba fría y su piel se sentía seca y agrietada. Tanto estrés, tanto dolor, le estaban pasando factura a alguien tan puro y maravilloso como Illeana. Alguien que nunca tuvo que involucrarse en esta guerra.
—No puedes impedirlo —negó ella— ya hice el trato con él. Todas las noches subo a sus aposentos y le sirvo, como... como en... como en los viejos tiempos.
A la gemela de la luna se le rompió el corazón ante esa confesión. Illeana volvió a negar— si de algo puedo servir para mantenerlo alejado de ti y tu hermana... de mi Karsh y de los demás inocentes de Coventry, entonces lo haré. Seré su distracción mientras aun pueda.
La determinación de la mujer era descorazonadora. Fuerte y avasalladora. Alex no tuvo voluntad suficiente para contradecirla, lo hecho, hecho estaba. Además, no sabía si quería que Thantos volviera y, peor aún, en el fondo tampoco estaba segura de no quererlo.
—No eres como él. —zanjó Illeana— No lo conoces como yo. Conozco su oscuridad, hasta donde llega su crueldad, hasta donde llegan sus obscenidades y su perverso deseo oscuro... Él está corrompido hasta el último rincón de su ser. No hay esperanza de salvación para él, porque es oscuridad pura. Pero todos tenemos algo de esa oscuridad, Alex, lo queramos o no. Todos, o la mayoría, estamos heridos emocionalmente y esas heridas si no se tratan se vuelven oscuridad en nuestro interior... Tú aun tienes salvación, es más, eres merecedora de ella más que todos nosotros.
Volvieron a mirarse a los ojos unos instantes, antes de que Illeana sacase de su canasta un nuevo saco de patatas vacío para ella. Alex suspiró y, resignada, levantó los brazos y se dejó vestir por ella como lo habría hecho una cariñosa y paciente madre. Esa conversación, aunque en susurros, había resonado hasta más allá de lo profundo de su corazón, Alex ahora pensaba que no sabía a qué atenerse.
—¿Quieres decir que puedo decidir no abandonarme a la oscuridad que hay en mi? —murmuró.
—Lo que has descubierto es simplemente una habilidad que te viene en la sangre —suspiró Illeana— la habilidad de manipular las sombras. El padre de Thantos y Aaron tenía esa misma habilidad, aunque en menor medida. La hermana gemela de tu madre también, después de todo... Sé que en personas rotas como tu tío, esa oscuridad se vuelve más fuerte, corrompiéndolos hasta el tuétano. Volviéndolos a ellos oscuridad en todo el sentido de la palabra... Pero, entiende, siempre se tiene elección. Puedes decidir si abrazar esas tinieblas, o salir de ellas y buscar la luz. En ti está el resistirte.
Illeana la abrazó con ternura al ver el estado de preocupación en la que la había dejado y se mantuvo ahí con ella en silencio para reconfortarla.
—Gracias —murmuró Alex en su hombro— pero, prométeme que no intentarás hacer más por ese demonio por mi. Ya es hora de que yo me cuide sola y... por Cam intentaré también algo, no sé qué pero ya veré si me es posible salvarla también.
—Está bien, lo prometo —aceptó ella— sé que debí consultártelo, pero créeme que...
—No, ya no lo menciones —negó ella con rotundidad— me basta con que lo hayas prometido. No seré la causa de más dolor si puedo evitarlo.
—Tengo que irme ahora, pero... Antes quiero decirte que no eres ni serás nunca como él. Recuérdalo. —le instó con dulzura— Que tengas algo en común con él solo demuestra que son parientes consanguíneos, aunque sea medio hermano de tu padre. Tú eliges quien ser. Y tú eres luz de luna, la luna ilumina en la oscuridad, aunque esté en medio de las tinieblas, y estas puedan cubrirla, nunca serán capaces de corromper su blancura y su luz pura.