Capítulo 9: Profecía
30 de diciembre de 2025, 23:18
Illeana, Karsh y Camryn entraron poco después en la celda de Alex. Fue una reunión agradable y bastante triste. Esta era una visita aun más clandestina que las anteriores, porque no solo había de comer algo sólido y apetitoso, sino que habían invitados. Alex se esforzó por ser una buena anfitriona y reir ante las bromas y las tonterias de sus protectores. Karsh estaba ahora casi sin magia, Thantos lo tenía trabajando en las filas de su ejercito, pero él lograba escaparse como en este momento, para ayudar con la creciente rebelión que se seguía gestando.
Illeana había sido destinada como servidora en el castillo, como una sirvienta más. Cam había estado sola en su celda hasta ese momento, atrapada y sin más compañía que la de sus protectores y la agradable noticia de que Alex seguía con vida. A ella, Thantos no le había ido a hacer las visitas que a la gemela de la luna, cosa que a Alex le alegraba en gran medida.
Cam no entendía porqué Alex tenía tantas quemaduras, rasguños y marcas de dedos en su piel. Y aun quería saber la razón por la que Illeana aparecía cada día con nuevos moretones, raspones, heridas y dolorosas mordeduras. Pero nadie daba respuestas explicitas. Alex estaba feliz de que la gemela del sol estuviera a salvo, que las manos oscuras de ese monstruo estuvieran alejadas de ella. Ella no lo merecía. Nunca se había merecido lo que había pasado por su culpa.
—Pero no entiendo —volvió a insistir la chica— ¿porqué sigue aplicándoles castigo a ustedes y a mi no?
Karsh apretó su puño sobre el camastro y gruñó una maldición en contra del brujo asesino. Illeana no dijo nada, solo se abrazó a si misma con sus brazos temblorosos. Habían traído pan, carne acecinada y frutos secos, una vez más no era mucho, pero era mejor que nada. Illeana la había robado de las cocinas, lo que pensó que no echarían en falta. Él la atrajo con su brazo y la pegó a su cuerpo con suavidad, dándole su apoyo silencioso. Ella se dejó acariciar, pero había una expresión de angustia en sus ojos claros.
—¿Y las quemaduras? —murmuró Camryn, observando las marcas de dedos en su piel aceitunada.
—Thantos... —se limitó a decir Alex, mirando las heridas de su rostro en el espejo del agua del abrevadero. Con cuidado empezó a aplicarse la medicina de hierbas que Illeana le había traído y, lentamente, el alivio se extendió por sus áreas dañadas.
Camryn adquirió entonces una comprensión dolorosa que la hizo bajar la mirada, consternada. Illeana no tenía tantas quemaduras, lo de ella era golpes horribles, pero ella fácilmente encajó las piezas.
—Todo esto terminará —prometió Karsh, con voz solemne— terminará...
Alex suspiró, pensando si contarles todo lo ocurrido o dejarlo como un secreto entre ella e Illeana. Pero, finalmente, decidió decirles. Al diablo, eran sus únicos aliados en todo ese horrible asunto. Camryn, que ya había entendido mucho solo pensándolo, ahora se quedó boquiabierta.
Karsh, como un padre impotente al ver que lastimaban a su mujer y a las que sentía prácticamente sus hijas, se llevó la mano a la cabeza y puso la frente contra el camastro. Quería matar a Thantos, quería hacerlo sufrir, lastimarlo hasta que gritara por su vida... era la primera vez que sentía que quería usar exclusivamente sus puños para lastimar en vez de su magia.
Las chicas los miraron en silencio. Todas sabían que lo poseía una ira sin precedentes y se preocupaban enormemente por él. Ahora mismo, podría destruir todo si se lo proponía, pero solo lograría que lo mataran.
—Oscuridad... —musitó Cam— ¿Qué quiere decir todo esto?
—Que Alex tiene una gran conexión con Thantos. Y lo peor es que él lo sabe... —su voz cargada de dolor— ahora comprendo su obsesión contigo. Es aun peor de lo que imaginé...
—¿Porqué? —chilló Cam, angustiada— ¿Qué podría ser peor?
Karsh levantó lentamente la cabeza, pero no las miró. Mantuvo la mirada en la pared con los ojos algo entrecerrados y el gesto fruncido. Illeana se acercó con cautela y se abrazó más a él, encontrando el refugio perfecto para cerrar los ojos un momento al posar su cabeza en su pecho. Él dejó ese estado entonces, y bajó su rostro para besar la coronilla de su cabeza y darle unas delicadas caricias.
Camryn volvió a entender y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Hay una profecía —empezó Karsh, casi hablando para sí mismo, mientras seguía depositando caricias suaves en el cabello de su mujer como si se tratara de una niña a la que consolar— que habla de una pareja oscura. Se los describe como dioses oscuros. Tan poderosos como para llevar su oscuridad a todas las dimensiones y crear un universo nuevo. Un poder absoluto los rodearía y nacería de sus propios interiores. Serían invencibles algo así como el poder de dos, de ustedes juntas. Ellos crearían el tiempo de la dualidad oscura.
Alex alzó la vista y los miró, expectante.
—Se dice que serían de la misma sangre y además serían pareja. Como los dioses griegos —continuó diciendo— el detalle de las profecías es que son más advertencias que cosas que se cumplirán a raja tabla. Pueden cambiarse, si se sigue el destino que se lleva, tienden a permanecer, pero si se toman decisiones imprevistas... Bueno, porque... bueno, se decía que las gemelas del sol y la luna vencerían, y... evidentemente eso falló.
—Falló por mi culpa —murmuró Alex.
Illeana negó— no pienses eso, no ahora. Debes mantenerte fuerte para seguir resistiendo —Alex volvió a bajar la mirada, seria y desolada.
—No tiene caso que lo sigues diciendo, Alex —la consoló a su vez Karsh— nadie aquí te culpa. Y eso es lo que importa.
Ella asintió y Cam unió su mano a la suya, para mostrarle su apoyo. En otro tiempo, ese simple gesto creaba explosiones de magia. Ahora, servía solo para recordarle que no estaba sola— Gracias —suspiró— y, lo siento. Porfavor, continúa, Karsh.
—Muchos pensamos que se trataba de Minerva, la hermana de Miranda y Thantos. —siguió diciendo Karsh— Porque son ellos dos los que están en el poder ahora, pero... no son de la misma sangre y tampoco son pareja. Se odian, pero son aliados por eso, porque se necesitan. La dualidad oscura serían dos partes del mismo ser oscuro, que tendrían el doble de poder que tiene Thantos ahora.
—Quieres decir que... —Alex sopesó estas palabras una a una— que Thantos podría querer que yo fuera parte de él más que solo poseer mi cuerpo.
Camryn se estremeció y Karsh bajó la mirada de nuevo— es una suposición. Talvez me equivoque, hay muchas teorías, y muchas profecías. El problema siempre ha sido nuestro libre albedrío, eso anula o refuerza las profecías. Por eso, insisto, puede que me equivoque.
Alex pensó en esto. Pero lo descartó de inmediato— No lo logrará porque yo nunca me entregaré a él. Además... creo que él no sabe de eso. Él solo... —suspiró, presa de la ira y el asco— solo quiere que me acueste con él.
—No diré que me alegra oir eso —murmuró Karsh— pero eso ya es bastante bueno de escuchar.
—Tienes que seguir resistiendo —le dijo Cam— ese maldito tiene que morder su propia oscuridad.
—Todo saldrá bien, pero dadas las circunstancias —volvió a hablar Karsh— tendremos que acelerar la rebelión.
Karsh parecía más despeinado y cansado. La sombra de la barba se perfilaba en sus mejillas, pero sus ojos seguían vivos y el fuego de su ira lo impulsaba a seguir. Alex no evitó pensar que él no tenía ningún cristal en la frente, pero el cuarzo que pendía de su cuello ya no estaba. Fácilmente podía ser esa ya una desventaja sustancial.
A la luz de la lampara de aceite, él extendió un mapa del castillo.
—A los hombres se nos mantiene fuera, solo permanecen los demonios oscuros que Thantos trajo de la tierra de las sombras y los guardias que son sus partidarios —explicó y señaló una serie de túneles en segundo plano que se veían poco detallados en un anexo— aquí, hay una exclusa que conduce a las alcantarillas. No es lo más agradable, pero servirá para movilizarnos y entrar.