Capítulo 10: Circulo fortalecedor
30 de diciembre de 2025, 23:18
La luz tenue de las antorchas proyectaba sombras danzantes sobre los altos estantes de la biblioteca oculta. Karsh e Illeana habían pasado semanas buscando respuestas, cada noche descendiendo más profundamente en el conocimiento prohibido, esperando encontrar una solución antes de que fuera demasiado tarde.
—Solo espero que no se te ocurra hacer ruido —le dijo impaciente, Karsh.
—Ay, mira que duro eres a veces —resopló ella en el mismo tono que él.
—Es que si nos atrapan, Illeana —insistió él, pero no continuó su frase, la dejó morir en el silencio de la madrugada.
Caminaban a hurtadillas, Karsh vigilante en todo momento. Cada tanto se mesaba el cabello de ansiedad y se mordia el borde del cuello estirandolo hasta la boca.
—Calmate, por favor cariño —le murmuró ella con dulzura, dándole un toque sutil en el brazo— lo peor que pueden hacernos ahora es matarnos y, créeme, la muerte es un descanso en esta guerra tan espantosa.
—No nos podemos permitir la muerte —volvió a insistir, cruzando el largo pasillo y abriendo una de las pesadas puertas— por las gemelas, Illeana, no podemos dejarlas solas.
—Yo no las dejaré solas ni cuando muera —musitó Illeana— y puedo asegurarte que ya me siento como muerta en vida.
Karsh la tomó por el hombro, dándole una suave presión, pero no dijo nada, solo la sostuvo y la miró con consternación. Ella sabía que él se sentía terrible por no poder protegerla, eso era para ella otra razón para entristecerse. No solo la lastimaban a ella, sino también a Alex y a Karsh. Ambos siguieron caminando en silencio por entre los libros.
—Escucha —llamó su atención Karsh de la nada.
—Baja la voz —le chistó ella, divertida.
Karsh rodó los ojos— Lo olvidé —suspiró— pero escucha... voy a sacar a Cam de aquí. Sé que por protegerla a ella, tienes que...
Su voz perdió fuerza de nuevo e Illeana no dijo nada por un momento— ¿Y Alex? —inquirió sorprendida.
—No podemos sacarlas a ambas a la vez. Thantos tiene más seguridad con Alex que con Cam, es como si se hubiese olvidado de ella —recalcó tomando un libro aleatorio y echándole un vistazo antes de volver a dejarlo— en parte es bueno... Supongo... Su luz se fortalece con la esperanza de Dimitri y la rebelión... Si logramos sacarla, llevarla con los demás y eliminamos el cristal de su frente...
—¿Abandonarán a Alex? —volvió a murmurar ella, sacando otro libro del estante.
—Yo no diría abandonar, ya sabes que nunca abandonaría a mi protegida —casi perdió la paciencia él, pero después dulcificó en gran medida su tono— además no quiero que sigas entregándote a Thantos... No permitiré que te siga lastimando.
Illeana suspiró con infinita tristeza— puedo seguir aguantando...
—Esa no es la base del asunto, Illeana —se molestó él— te roba tu fuerza y te lastima y tú también necesitas estar fuerte para nuestra rebelión. No quiero quedarme de brazos cruzados, quiero actuar y... Sacando a Cam de aquí podremos evitar que te siga lastimando a ti. Ya no quiero que sigas vistiéndote pobremente con sacos de patatas. No quiero que cada vez que te vea tengas nuevos moretones o heridas. No quiero que vuelva a morderte... Yo lo... Lo... ¡Lo mataré si vuelve a tocarte!
Illeana lo tomó de ambos lados del rostro y lo besó con toda la ternura de la que era capaz, rodeándolo con sus brazos y abandonándose a sollozar en su pecho. Karsh correspondió casi al instante, con la misma pasión que ella y la oprimió con devoción contra él.
—Entiendo lo que haces y lo agradezco —murmuró ella contra él, parando las lágrimas por un momento— pero... Alex necesita apoyo, necesita esperanza. Puede que sea buena idea sacar a Cam de aquí, pero si dejamos a Alex, él podría de verdad violarla, absorberla para que sea suya.
—¿Te hace sentir mejor si te digo que haré todo lo posible por lograr que Dimitri salve también a Alex? —se rindió Karsh.
—Solo quedándote aquí a mi lado ya me haces sentir mejor, pero si... Lo mejor será luchar por salvarlas a ambas.
—Ya verás que todo saldrá bien. Las gemelas serán reinas, Thantos será machacado hasta los huesos y yo personalmente le devolveré todo lo malo que te ha hecho. Volveré por ti, te salvaré de este infierno y te quitaremos ese cristal de la frente... Seremos libres y podremos... Podremos...
Al verlo titubear, ella alzó una mano a su rostro mientras lo miraba con preocupación.
—¿Qué? —lo animó.
Él sonrió en un suspiro— ¿Te gustaría tener un hijo...? ¿Formar una familia...?
Illeana lo besó de nuevo, mas dulcemente que nunca.
—Por supuesto que si.
—Bien, yo... —la soltó con suavidad, sintiéndose incómodo ante tanta esperanza, pero siguió sonriendo— debemos hacer fuerte a Alex para que resista mientras siguen pasando los días. Aun no hemos terminado de planificar todo, aun pueden haber complicaciones. Busquemos el ritual entonces.
Illeana asintió y volvió a la búsqueda entre los libros. Pronto se dio cuenta de que Karsh necesitaba mas ayuda de lo que imaginaba, así que ella sostuvo los libros que él iba sacando, ya que con un solo brazo, le era difícil hojear mas de uno a la vez, dificultosamente y no podía seguir cargando los demás que había ido encontrando.
Illeana se arrodilló sobre el suelo de piedra fría, sus dedos temblorosos mientras pasaba las páginas de un libro polvoriento que Karsh le había cedido mientras él revisaba otro. El título estaba escrito en runas arcanas que solo los guardianes más antiguos de la magia podían descifrar. Karsh permanecía de pie detrás de ella, inquieto, vigilando la entrada secreta por donde habían entrado clandestinamente, asegurándose de que nadie los siguiera.
—Aquí está —susurró Illeana con voz contenida, señalando una página amarillenta con símbolos oscuros—. Este es el ritual que necesitamos.
Karsh se acercó, sus ojos azules repasando las palabras con creciente preocupación. El ritual para fortalecer la voluntad de un alma no era algo que se pudiera tomar a la ligera. Había riesgos... y consecuencias. Pero sabían que era la única manera de evitar que Alex se uniera a Thantos y cumpliera el destino que había sido escrito para ella desde antes de nacer.
—¿Estás seguro de que esto funcionará? —preguntó Illeana en voz baja.
Él la miró de reojo, sus labios tensos.
—No hay garantías —admitió—, pero si no lo intentamos, la oscuridad de Thantos la consumirá por completo. Él no la tomará por la fuerza, no por ahora. Él es un manipulador, así son los psicópatas, buscan insistir, seducir, hacer que sus víctimas caigan por su propia voluntad. Eso hizo con Miranda... Quiso hacer lo mismo contigo... ¡Maldito monstruo rastrero! No podemos permitir que lastime irremediablemente a Alex.
Illeana asintió, consciente de la gravedad de sus palabras. Sabían que, si fallaban, según la profecía, Alex sería marcada como parte de la oscuridad, vinculada a Thantos para siempre, y el poder que ambos desatarían juntos destruiría cualquier posibilidad de resistencia.
—Lo haremos esta noche —dijo Karsh, decidido—. Antes de que Thantos descubra la profecía.
—¿Cómo sabes que él no lo sabe ya? —angustiada, Illeana cerró el libro y se levantó, sus ojos brillando con una mezcla de determinación y miedo.
—Porque sigue con la capricho de que ella se entregue, cuando en realidad solo debe obligarla. Marcarla sin su consentimiento... Mientras él siga con su capricho y su obsesión por que Alex se entregue voluntariamente, tendremos tiempo para sacarla de aquí y evitar que la marque.
—¿Qué es eso de la marca, está en la profecía?
—Si, un detalle importante. Después que Alex nos contó lo que Thantos hacía, y que yo recordase esa profecía, fui a releerla. —le explicó él corriendo por los pasillos de regreso a los calabozos, Thantos podía estar en cualquier sitio, las sombras eran parte de él— Thantos debe marcarla con un poderoso hechizo, y... Lamentablemente también quitarle su virginidad a la vez. Entonces, solo entonces, podrá darle la mitad de su oscuridad y convertirla en parte de él.
Karsh e Illeana preparaban el ritual, angustiados, se habían pasado algunas horas buscando los ingredientes y regresando a la celda de Alex. Ella no sabía nada, pero los recibió como siempre, con un amor tierno y desesperado después de pasar sola tantas horas. Un círculo de protección, dibujado con polvo de luna y sal encantada, rodeaba a Alex, quien yacía dormida, ajena a lo que sucedía a su alrededor.
—Tenemos que hacerlo con precisión —dijo Karsh, susurrando un hechizo en una lengua antigua—. Si algo sale mal, podría despertar a mitad del ritual y eso la expondría aún más.
La rubia asintió, asegurándose de que cada vela estuviera colocada correctamente. Cada una de ellas tenía un rol que cumplir. Las palabras que pronunciaría Karsh serían clave para desconectar a Alex un poco de la influencia Thantos había estado cultivando en ella. Al fortalecerla, ella no solo podría resistirse por más tiempo, sino empezar a controlar de mejor forma la oscuridad que Thantos intentara usar contra ella.
—¿Estás listo? —preguntó Illeana, sus ojos buscaban los de Karsh, como si esperara un último consentimiento.
—Nunca lo he estado más —respondió Karsh, tomando una bocanada de aire antes de comenzar.
Karsh comenzó a salmodiar en una lengua olvidada. Las palabras flotaban en el aire, entrelazándose como un suave eco que llenaba la habitación. A ella le hubiera gustado ayudar, pero recientemente, hacía unas horas, había sido drenada de nuevo, Thantos se había llevado todo de ella, no tenía magia. Había logrado dormir a Alex con un suave somnífero, para que la influencia de la luna no fuera tan fuerte y poder hacer el ritual sin problemas, pero esa era toda la ayuda que ella podía realizar.
A medida que las palabras del ritual crecían en intensidad, una luz pálida comenzó a emanar del cuerpo de Alex. Si hubiera tenido su amuleto aun, si Thantos no se lo hubiera robado luego de matar a sus padres, seguro que hubiera brillado con gran intensidad. Karsh, manteniendo la concentración, no dejó de recitar.
—Está funcionando —susurró Illeana, su tono lleno de esperanza.
Él cerró los ojos, recitando las últimas palabras del ritual con fervor. Illeana se cubrió los ojos por un instante, sorprendida por el poder que emanaba del ritual. Cuando la luz desapareció, Alex estaba despierta, sus ojos abiertos y confusos. El círculo había logrado su propósito.
Karsh e Illeana se miraron con alivio. Habían logrado detener, al menos por ahora, la consumación de la profecía. Sin embargo, sabían que aquello no era más que una victoria parcial. Thantos no se daría por vencido tan fácilmente, y la lucha por el control de Alex apenas comenzaba.
—Sé que no me lastimarían, —dijo la gemela de la luna, con el sueño pegado a la voz aun— pero me siento diferente ¿Qué me hicieron?
—Hemos hecho poco, pero ha sido algo significativo —dijo Illeana, con una mezcla de triunfo y agotamiento.
—Por el momento —suspiró Karsh, levemente preocupado— es lo máximo que podíamos hacer.