ID de la obra: 1567

Destinada a la oscuridad

Het
NC-21
Finalizada
6
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
74 páginas, 31.704 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 13: Poder

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Alex permanecía inmóvil, encadenada a las sombras que se arremolinaban a su alrededor, su respiración agitada y sus ojos llenos de desafío. Se había atrincherado a una esquina de su celda de piedra, con la espalda apoyada contra la pared. Thantos se acercó lentamente, sus pasos firmes resonando en la habitación, cada movimiento suyo acompañado por la promesa de algo oscuro, algo tentador. Se acuchilló delante de ella para estar a su altura y poder mirarla a los ojos y transmitirle el deseo que lo embargaba con solo mirarla. —Estás tan cansada de luchar, ¿verdad? —murmuró, su voz envolvente, suave como la seda, mientras sus dedos rozaban apenas la piel de su brazo, trazando un camino invisible que dejó un cosquilleo detrás— por suerte para ti, mi insistencia en que cumplas tu palabra sigue en pie hasta que de verdad te entregues a mi y dejes a mi oscuridad penetrarte completamente. Alex intentó apartarse, pero el toque era tan ligero, tan delicado, que el mero roce parecía despertar algo en su interior. Su cuerpo reaccionaba antes que su mente, una chispa de poder recorriéndola, haciéndola temblar bajo la suave presión de sus palabras. —Te gusta, no me lo puedes negar. Te veo reaccionar, siento tu calor así como tú me sientes dentro de ti —su aliento cálido tan cercano— Pero la luz te consume... te limita. Te aleja de mi, pequeña. Sabes que puedes ser más, pero sigues aferrada a una ilusión en vez de hacer caso a mis palabras. Alex suspiró de desesperación, deseando poder estar en cualquier otro sitio o situación, que ahí en ese lugar con ese hombre. Esta vez, se zafó con violencia de su tacto y se levantó para alejarse de nuevo. Su debilidad seguía siendo grande, pero ella ahora tenía mayor control de la situación. —Artemis... Déjame mostrarte lo que realmente puedes ser —continuó Thantos—. No necesitas suplicar, no necesitas resistirte. Solo... toma lo que es tuyo. Yo también te puedo dar todo si tú me lo das a mi. Thantos no necesitaba perseguirla, simplemente se materializó frente a ella en un destello de oscuridad purpúrea. Con un gesto lento, casi reverente, Thantos deslizó su mano hacia arriba, deteniéndose justo por debajo de su mandíbula. No apretó, no forzó; solo mantuvo su mano allí, ofreciendo una invitación implícita. Alex sintió el poder oscuro vibrar a través de él, como una corriente suave pero irresistible que se anidó entre sus piernas produciendo un palpitar incómodo, algo que prometía liberación y un placer desconocido, más profundo que el miedo. —¿Qué es lo que temes, Alex? —susurró, acercándose lo suficiente como para que sus labios rozaran los suyos de nuevo en un beso lento y sensual. —No le temo a nada —apretó los dientes con el profundo aborrecimiento a flor de piel. —¿En serio? —le sonrió— ¿Entonces porqué tiemblas? Temes que te guste demasiado... lo que podría ofrecerte. Alex cerró los ojos con fuerza, luchando contra el torbellino de sensaciones que la atravesaban. ¿porqué esto seguía pasando? ¿porqué no era capaz de resistirse completamente? Pero entonces, la mano de Thantos se deslizó por su espalda, tan ligera como una pluma, dejando un rastro de calor oscuro y denso. El poder de él era como un bálsamo, una tentación que se colaba en sus venas, despertando algo primitivo dentro de ella. —Puedes tener todo, Alex —continuó él, su voz transformándose en un susurro que arañaba la frontera de lo erótico y lo prohibido—. Fuerza, libertad, placer... todo lo que te han negado. Solo debes entregarte a mi. —Tengo amor —contraatacó ella— eso es algo que tú nunca podrás darme. De pronto, Thantos, al ver su reticencia, liberó una pequeña fracción de su poder, permitiendo que ella sintiera un destello del inmenso potencial que podía alcanzar. El mundo a su alrededor pareció oscilar, y Alex jadeó ante la intensidad. Thantos, sonriendo ampliamente, gimió con ella, sintiéndola con su oscuridad en su interior. Los músculos de ella se tensaron, no por el dolor, sino por la deliciosa sensación de control que se derramaba dentro de ella como su oscuridad. Era solo una muestra, un toque sutil, pero suficiente para avivar el deseo oculto en lo más profundo de su ser. —No estoy aquí para quebrarte —dijo Thantos, su tono bajo y lleno de promesas— Sé que quieres sentirme dentro de ti, Artemis, puedo verlo en tus ojos y sentirlo en el calor de tu piel. Estoy aquí para ofrecerte lo que siempre has querido, lo que nunca admitirías desear. Poder absoluto. Sin reglas, sin límites. Alex abrió los ojos, encontrándose con los de él, profundos y claros, llenos de promesas que encendían una chispa de algo prohibido en su interior. Y en ese momento, por un breve segundo, casi pudo ver lo que Thantos le ofrecía: el poder de las sombras, la libertad de ser invencible, la tentación de un mundo en el que ella era la dueña de todo. Un mundo donde el placer y el control eran indivisibles. —Tómalo, Artemis —susurró Thantos, inclinándose lo suficiente para que sus labios apenas rozaran los suyos, dejando la promesa del contacto en el aire entre ellos, dejándola decidir— No tienes que rendirte a mí... solo a la oscuridad. La tensión entre ambos se hizo casi insoportable, la mezcla de poder y deseo flotando entre ellos como una nube espesa, tentándola, envolviéndola. El aliento de Thantos, cálido y embriagador, era todo lo que la separaba de una decisión irreversible. Y mientras la oscuridad pulsaba a su alrededor, Alex sintió que su resistencia comenzaba a ceder, atraída no por la fuerza, sino por la promesa de algo mucho más tentador. El poder que él ofrecía no era una cadena; era una llave. —Artemis... Artemis... Artemis... Su tono casi era suplicante, y Alex jadeó ante su voz penetrante, ante la cadencia, sin siquiera tocarla. Alex se tensó cuando él se inclinó hacia ella para buscar su boca otra vez, y ella dejó escapar un grito ahogado al volver la cabeza hacia el lado contrario. Volvió a soltarse con fuerza y a fulminarlo con la mirada. —¿Es que crees que soy una cualquiera? —le gritó dándole un empujón físico y volviendo a deshacerse de su tacto— ¿crees que me interesa lo que me ofreces? ¿Porqué querría algo de eso teniendo cosas más valiosas como a mi hermana, mi familia? —Dirás el recuerdo de tu familia y de tu hermana —Thantos se miró las uñas, con gesto indiferente— Porque yo no los veo aquí ¿tú si? —No es necesario que estén aquí —lo miró con desprecio— eso es algo que nunca entenderás, Thantos. Cuando se ama, la persona permanece contigo, aunque muera, aunque no la vuelvas a ver. Aunque se vaya. La oscuridad a su alrededor pareció adquirir un aspecto tormentoso ante la ira de Thantos. Él, frustrado, gruñó con desdén poniéndose en pie de nuevo. —¡Eres una imbécil! Estás a nada de alcanzar todo, casi puedes sentirlo conmigo a tu lado —le gritó presa de una terrible ira, su voz resonando en toda la cárcel— me perteneces ¡me lo diste todo! Me deseas, lo he visto, no puedes negarlo. Será mío hasta el último atisbo de tu poder. Y sin decir más, se volvió a inclinar sobre ella, depositando su palma en la frente de la joven mientras unía sus labios a los suyos con un apetito egoísta que devoró todo en Alex hasta quemar todo su interior con deseo y el dolor más insufrible. Penetrando en su mente, llenándola con su oscuridad, sintiéndola y consumiendo su energía y magia como cerezas acarameladas. Thantos se retiró de ella, en su mirada la oscuridad de la satisfacción, saboreando esa pequeña venganza en el delicioso placer que aun acalambraba sus miembros y, aun molesto, se dio la vuelta para salir de ese sitio, dejando a Alex en el suelo en un desmayo misericordioso producto de la debilidad. Esto no había terminado, ella era más fuerte de lo que él podía haber augurado, más fuerte de lo que decía la profecía. Él empezó a pensar que quizá debería destruirla completamente, apoderarse de su alma, poseerla completa y olvidar todo el asunto. Ella era más una amenaza que una cosa bonita de la qué aprovecharse. Y ese era el problema, su voluntad era férrea, es insoslayable, no había forma de romperla... Thantos estaba perdiendo completamente la paciencia. Era hora de subir de nivel.
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