ID de la obra: 1567

Destinada a la oscuridad

Het
NC-21
Finalizada
6
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
74 páginas, 31.704 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 15: La última promesa

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—Alex... aquí, despierta... El murmullo le llegó desde la ventana, desde donde se colaba de vez en cuando un rayo de luz lunar de vez en cuando. —No estaba dormida. ¿Qué ocurre? —murmuró, acercándose a la ventana de su celda con pasos vacilantes. Cada movimiento hacía eco en el suelo de piedra, y sus piernas temblaban, ya débiles de tanto esperar en la penumbra—. ¿Por qué no entras? —Porque el guardia que nos dejaba entrar a Illeana y a mi está muerto —contestó Karsh desde su posición. Desde su posición al otro lado de los barrotes, donde miraba hacia adentro, apenas y se veía su rostro. Alex se acercó más, hasta encaramarse con presteza de los hierros para escuchar bien. Se encontró con que Karsh, a la luz de las antorchas afuera, tenía sangre en la sien y en el labio, así como manchas de polvo y tierra. Parecía salido de la última batalla contra la oscuridad. —¿Qué está sucediendo ahora, Karsh? —se atrevió a preguntar a su protector. —No tengo mucho tiempo, Alex, la distracción ha sido efectiva, pero debemos apresurarnos. Dimitri ha salvado ya a Camryn, la están llevando fuera, él está liderando la pequeña misión... —pareció inhalar ante lo que iba a decir, su gesto más preocupado que nunca— Ha resultado un líder hábil, será un rey excelente... Alex, no hay forma de abrir esta puerta... solo el guardia tenía la llave y Dimitri lo mató por error, las llaves literalmente mueren con sus dueños hasta que el jefe carcelero no cree otras... yo... tengo que dejarte aquí, Alex... Su estómago se hundió con esa declaración, y su garganta se cerró. ¿La dejarían sola? ¿De verdad la abandonarían en esta celda fría y sombría? —¿Pero Camryn está bien? —preguntó en un intento desesperado de aferrarse a algo positivo, a algo que no se le estuviera escapando de las manos. —Si, Alex, ella estará bien... prometo que volveré a ti, mi protegida. Illeana se irá conmigo también. —¿Me abandonan todos? —se le escapó un sollozo suave, cargado de desamparo, que hizo que Karsh mirara hacia otro lado, incapaz de sostener su mirada. Eso rompió el corazón de su protector, que no supo qué decir. —No, no... no digas eso, yo... nosotros... —Su voz se quebró en un susurro. Pareció exasperarse con su propio nerviosismo y desesperado, apoyó su frente contra los barrotes, cerrando los ojos en busca de palabras que nunca antes había tenido que usar— mira... Cam tiene más luz... pensamos que ella... ella no será rastreada tan fácilmente como tú. Tu oscuridad ahora le es familiar a Thantos... ahora más que nunca. —No, Karsh. No más excusas, porfavor —pidió ella en un tono casi imperceptible— lo entiendo... —De verdad lo siento... —murmuró, abatido e impotente— de verdad que lo siento... Cam y Dimitri harán un plan fuera, en el refugio de la resistencia... Veremos cómo sacarte de aquí, como arreglar las cosas, como terminar de una vez con ese maldito hijo de perra y... y como salvarte. Alex pasó las manos por entre los barrotes y acarició la mano de su protector, a quien había empezado a ver como una figura paterna después de tanto tiempo juntos. Sin él, ya no sabría qué hacer, sin Cam, sin Illeana... Ya no le quedarían aliados en Coventry. El vacío de esa realidad le caló hondo, y en ese momento una explosión resonó en la distancia, sacudiendo las paredes de la cárcel. Los gritos y los sonidos de magia desatada llenaron el aire, acercándose cada vez más. —Debes irte ya, o te descubrirán —dijo, con un tono desesperado que traicionaba su aparente calma—. Cuida de Camryn y de Illeana… por mí. Dios mío ¡Los extrañaré tanto…! Karsh pareció tomar una última y temblorosa respiración. Él apretó su mano, como si ese gesto pudiera ser un juramento de que volvería. Su voz se quebró cuando añadió: —Antes de irme —jadeó, presa de una taque de ansiedad— lo olvidaba, to-toma. Con mano temblorosa, le entregó un trozo de pergamino antiguo, casi demasiado frágil para ser tocado. — Me tomé la libertad de robarlo de la biblioteca, Alex... parece que antaño hubo magos blancos que también manipulaban la oscuridad y ella no los controlaba a ellos. De alguna forma aceptaban su lado oscuro, sin negarlo, y eso los hacía más poderosos. Esto te ayudará pero... ocúltalo bien. —Karsh, yo… —Alex apretó el pergamino contra su pecho, sintiendo que cada fibra de ese papel cargaba con siglos de poder y secretos. La ternura y gratitud por sus dos protectores, Karsh e Illeana, la abrumó, llenándola de un sentimiento que no supo si era tristeza o esperanza—. Gracias. Karsh la miró con una intensidad que la dejó sin aliento. En sus ojos grises, Alex pudo ver el dolor, el amor paternal y la promesa de un regreso. A él le dolía mucho dejarla, la había cuidado desde bebé, era prácticamente su hija y debía dejarla sola al merced de ese maldito monstruo. —Espero verte de nuevo, Alex. Se fuerte, porfavor... adiós. —Adiós... Un fuerte haz de luz iluminó el pasillo justo cuando Karsh desaparecía en la penumbra. La figura de su protector se desvaneció entre sombras hasta que no quedó más que el eco de sus pasos alejándose rápidamente. Alex sintió una extraña mezcla de alivio y desamparo, confiando en que él encontraría la manera de escapar. Pero ¿y ella? ¿Qué haría ella ahora? ¿Por qué todo esto la había tomado por sorpresa? ¿Por qué, después de todo, no sabía qué pasaría a continuación? La incertidumbre la abrumaba, trayendo consigo un doloroso recuerdo que parecía no querer desvanecerse: Thantos. Era como aquella noche en la que él, con palabras engañosas y miradas disfrazadas, le había arrebatado su magia. La misma impotencia, la misma rabia creciente. Jamás había podido prever sus movimientos; siempre había ido un paso detrás de él, y esa sensación de vulnerabilidad la volvía loca de ira. Todo esto era culpa de Thantos. Él era el origen de esta desgracia, la causa de todas las pesadillas que ahora la acorralaban en Coventry. La culpa de su sufrimiento, de las penurias de su familia, de la pérdida de sus protectores… toda su vida había cambiado para siempre por su malicia. Era su culpa que, una vez más, la oscuridad la envolviera. Un silencio denso, pesado, llenó la celda mientras esos pensamientos se hundían en su mente. La tenue luz lunar apenas iluminaba los rincones de la prisión, proyectando sombras que parecían acecharla. Alex se apretó el pergamino contra el pecho, como si ese trozo de papel fuera lo único que podía anclarla al mundo real. Sin Karsh, sin Camryn, sin Illeana… estaba realmente sola. La soledad era tan palpable que parecía un ente invisible que la rodeaba, como si la misma oscuridad en la celda intentara aferrarse a ella. Por un instante, dejó que esa ira ardiente la consumiera, sintiendo cómo la energía de la magia oscura en su interior despertaba, alimentada por el dolor y la frustración. Pero tan rápido como surgió, una punzada de temor la obligó a contenerse. No podía darse el lujo de perder el control, no en este lugar. Finalmente, Alex respiró hondo, intentando domar la tormenta en su interior. Sabía que esta oscuridad era suya, una parte de sí misma que nadie podía robarle. Se obligó a erguirse, a encontrar fuerza en el vacío, porque la promesa de Karsh era todo lo que tenía ahora.
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