Mejores Amigas
6 de abril de 2026, 15:46
El sonido de la pluma rasgando el papel es lo único que se escucha en la oficina del Supervisor,un eco seco, rítmico y definitivo que marca el fin de una era antes de que esta siquiera comenzara.El aire está viciado,cargado con el aroma amargo del café frío de la noche anterior y la tensión residual de una decisión irrevocable que cuelga sobre ellos como una guillotina
Komui Lee está temblando.No es el temblor de la fatiga ni del miedo;es una vibración interna que amenaza con hacerlo estallar.Sus manos se aferran al borde de su escritorio de caoba con tal fuerza que sus nudillos están blancos,y sus gafas brillan con una intensidad maníaca bajo la luz del amanecer.Pero esta vez,la causa no es uno de sus habituales ataques de pánico fraternal.
Es felicidad pura.
Está haciendo un esfuerzo casi sobrehumano,por mantener una compostura profesional que se desmorona por segundos.Por dentro,se está aguantando las ganas de saltar sobre la mesa,ejecutar un baile de victoria y lanzar confeti al aire.El "invasor",el hombre que venía a reclamar a su preciada hermana,está firmando su propia sentencia de retiro,realmente su preciado robot Komurin EX-Terminator funciono a la perfeccion
-¿Entonces...eso es todo?-pregunta Komui.Su voz sale en un tono agudo,casi un susurro que delata la emoción incontenible que le recorre la columna
-¿Renuncias formalmente al reclamo? ¿Anulas el matrimonio? ¿Te vas? ¿Para siempre? ¿En un barco muy,muy lejano donde las cartas tardan meses en llegar?
Kanda no responde de inmediato.Firma el último documento con un trazo agresivo,una línea de tinta que parece una cicatriz sobre la superficie blanca. Hunde la punta de metal en la fibra del papel con una saña contenida,como si quisiera atravesar el escritorio y la realidad misma.Al terminar,suelta la pluma;el objeto rueda por la mesa de caoba dejando un rastro de tinta negra,como una mancha de sangre que nadie se molesta en limpiar
-Sí-suelta finalmente
-El acuerdo queda nulo por falta de voluntad de las partes.Me vuelvo a la Rama Asiática en el transporte de la tarde.No hay nada más que discutir
El ambiente en la oficina se divide en dos realidades paralelas,separadas por el humo del café y la luz pálida del alba.
Komui está en un estado de éxtasis.Para él,ese papel firmado es la llave que cierra la celda donde pretendían encerrar a su hermana.Su alivio es egoísta,una ceguera voluntaria que le impide ver el rastro de destrucción emocional que deja a su paso
Reever apoyado contra la pared con los brazos cruzados,observa al exorcista japonés con una preocupación que le amarga el gesto.A diferencia de su jefe,posee la lucidez necesaria para ver a través de la máscara de Kanda
El hombre frente a él no parece alguien que celebra haber recuperado su libertad o su soltería.No hay alivio en sus ojos azules,solo una vacuidad aterradora.Parece un soldado que acaba de perder una batalla vital sin haber tenido siquiera la oportunidad de desenfundar su espada;un guerrero que se retira del campo de batalla cargando con su propio cadáver.
-Kanda... ¿Estás seguro de esto?-interviene Reever con cautela,dando un paso adelante.Su voz rompe la atmósfera viciada de la oficina como una advertencia
-Lenalee podría...ella merece saber por qué has tomado esta decisión tan de repente.No puedes simplemente borrarte de su vida sin una explicación
-No me importa lo que piense ella-corta Kanda de inmediato
Se da la vuelta de forma brusca,un movimiento tan violento que su coleta azota el aire como un látigo negro.Sus ojos azules son dos rendijas de hielo
-De hecho,estará feliz.Ya no tendrá que seguir fingiendo
Camina hacia la puerta sin mirar atrás una sola vez.Deja sobre el escritorio de Komui no solo un papel firmado con tinta fresca,sino el cadáver de una promesa que sobrevivió diez años de soledad y guerra,solo para morir en una oficina polvorienta de Londres
En ese preciso instante,antes de que Kanda pueda alcanzar el pomo,el aire de la oficina se fractura.Las puertas dobles se abren de golpe,golpeando las paredes laterales con una violencia tal que los retratos de los antiguos supervisores vibran en sus marcos y el café de Komui se derrama sobre los planos.
Lenalee está en el umbral,y su imagen es el vivo retrato del caos.No queda rastro de la elegancia impecable o la calma que suele lucir por los pasillos de la Sede;se ve completamente desbordada.Jadea con fuerza,con el cabello revuelto cayendo en mechones rebeldes sobre su rostro y los ojos violetas muy abiertos,fijos en la escena con una urgencia que roza la desesperación.
Ha corrido desde su habitación sin detenerse siquiera a calzarse bien,impulsada por un pánico puro y visceral que le atenazó el estómago en cuanto se desperto.Sintio un escalofrio que la guio sin detenerse al despacho de su hermano
-¡Espera!-grita ella,irrumpiendo en la oficina
Sus ojos saltan frenéticamente de la figura de Kanda a los documentos que descansan sobre la mesa,sospechando la verdad antes de leerla
-¿Qué estás haciendo?
Kanda se detiene,a escasos pasos de la salida.La rigidez de su espalda,una línea de tensión que parece a punto de estallar,pero se niega a girarse.No quiere verla;no quiere que su resolución,forjada en la amargura de la noche anterior,se tambalee ante la mirada de la mujer que,según su código de honor,lo ha traicionado con su propio olvido
-Lo que debí hacer desde el principio-responde él
Su voz no es humana;es un témpano que corta el aire de la oficina,helado y definitivo
-Irme
Komui,viendo cómo su victoria perfecta peligra en el último segundo,salta de su silla con una agilidad casi cómica e impropia de su cargo.Se interpone físicamente entre ambos,actuando como un escudo humano para evitar que sus miradas se crucen
-¡Lenalee,es un día glorioso!-chilla el Supervisor,moviéndose con una energía frenética,tratando de taparle la vista hacia Kanda como si fuera un eclipse que pudiera cegarla
-¡El depredador se retira por voluntad propia! ¡Ha firmado la anulación voluntaria,hermanita! ¡Eres libre de este yugo asiático! ¡Podemos volver a nuestra vida de antes!
Agita las manos,casi rozando el ridículo,pero Lenalee ignora los aspavientos de su hermano como si no fueran más que estática de fondo.Su mirada se clava,con una fijeza casi dolorosa,en los papeles esparcidos sobre el escritorio.Allí,la firma de Kanda aún brilla con la humedad de la tinta fresca. Luego,sus ojos violetas vuelven a la espalda ancha y solitaria del japonés,que permanece como una estatua frente a la puerta de salida
Siente una punzada que no esperaba,una vibración fría en el estómago que le advierte de algo terrible:si ese hombre cruza esa puerta ahora mismo,algo vital y antiguo en ella morirá para siempre
-¿Por qué?-le reclama.Su voz no es un susurro;es un latigazo de indignación y urgencia que corta el aire de la oficina
-¡Tú viniste hasta aquí! ¡Tú fuiste quien obligó a la Orden a validar ese contrato antiguo frente al Vaticano! ¡Tú insististe en quedarte cuando todos,incluido mi hermano,te decían que te fueras!
Da un paso hacia él,invadiendo ese espacio que Kanda siempre intenta mantener vacío,rompiendo la barrera de seguridad de él
-¡Dime por qué te rindes ahora!
Kanda gira la cabeza lentamente.Sus ojos,que antes eran afilados como cuchillas de afeitar,son ahora dos pozos de oscuridad fría y una decepción tan profunda que resulta asfixiante.El aire en la oficina parece congelarse ante la pesadez de su mirada;incluso el delirio de Komui se detiene por un segundo ante la carga eléctrica que emana del exorcista
-Yo no obligué a nadie-responde él
Su voz tiene el filo del acero golpeando la piedra,seca y carente de cualquier rastro de piedad
-Vine a cumplir una palabra.Pero parece que esa palabra no vale absolutamente nada para ti.Cumplí mi parte.Tú elegiste olvidar la tuya
-¿De qué estás hablando?-Lenalee da un paso hacia él,con la frustración subiéndole por la garganta hasta los ojos,que ya brillan empañados por las lágrimas
-¡No te entiendo! ¡Me dices que nada,me sueltas que me he vuelto fuerte,me hablas como si me conocieras...y ahora pretendes marcharte sin explicar nada!
Su voz se quiebra,mezclando la rabia con una vulnerabilidad que intenta ocultar
-Si tanto te molestaba estar aquí,si tanto te estorbaba este compromiso,¿Por qué demonios viniste en primer lugar?
Kanda se gira por completo,enfrentándola.La intensidad que emana de él es tan abrumadora,tan densa,que el aire de la oficina parece cargarse de electricidad estática.Komui,sintiendo que el "Marido Frío" está finalmente a punto de estallar se encoge y se esconde bajo el escritorio,desapareciendo de la línea de fuego
Da un paso hacia ella,reduciendo la distancia hasta que apenas queda espacio para que el aire circule entre ambos.Invade su espacio personal,obligándola a sostenerle la mirada a ver el abismo de resentimiento que oculta tras sus pupilas azules
-Porque tú me lo pediste-dice él, con una voz baja,peligrosa y cargada de un veneno que lleva años macerándose en el aislamiento
Lenalee siente que el suelo desaparece bajo sus pies,pero su orgullo la mantiene firme.
-¡Yo no te pedí nada!-grita,con el corazón martilleando contra sus costillas
-¡Yo ni siquiera te conocía hasta que cruzaste esa puerta!
-¡MENTIRA!
El grito de Kanda estalla en la habitación como una detonación de artillería.El sonido es tan potente que hace vibrar los cristales de los ventanales y silencia cualquier otro ruido en la planta.Es un rugido de dolor puro,de años de lealtad ignorada y de una rabia acumulada
Lenalee se queda paralizada,con las palabras muriendo en sus labios y el aliento contenido.El silencio que sigue es sepulcral,casi doloroso,cargado con el peso de una verdad que ella aún no puede ver,pero que Kanda ya no está dispuesto a cargar en solitario
Él levanta la mano y señala con fuerza su propio pecho,antes de apuntar directamente hacia ella con un dedo acusador que tiembla.El gesto es una lanza que atraviesa el poco espacio que queda entre los dos,rompiendo cualquier rastro de la elegancia marcial de Kanda
-Deja de actuar-ordena él,y su voz no es más que un látigo de amargura que restalla en el silencio de la oficina
-Deja de fingir que soy un extraño solo para salvar tu conciencia y seguir viviendo en esta farsa.Tú fuiste la que lloraba cada noche porque no quería estar sola.Tú fuiste la que propuso este "matrimonio".Tu fuiste la que dijiste que siempre estariamos juntos
Lenalee retrocede un paso,golpeando el borde del escritorio con las caderas. Está aturdida;el aire en la habitación se vuelve denso y pesado,como si las paredes de la oficina se estuvieran cerrando sobre ella para obligarla a enfrentar lo que oculta su mente
-Yo...-balbucea.Intenta defenderse,busca palabras de indignación,pero estas se mueren en su garganta ante la ferocidad de la verdad de él.
Kanda la mira con una decepción que cala más hondo que cualquier insulto que pudiera lanzarle.Hay diez años de lealtad traicionada en sus ojos azules,una década entera de haber cargado solo con el peso de un juramento que ella decidió borrar
-Tú me ataste a esta promesa,a este contrato,a este destino de mierda.Y ahora tienes el descaro de preguntarme quién soy.Yo solo hice lo que prometimos
Lenalee siente que el mundo empieza a dar vueltas de forma violenta.El suelo de madera pulida parece volverse inestable bajo sus pies descalzos,como si la Sede entera se estuviera inclinando hacia un abismo
-¿Atarte...?¿Promesa?-susurra,y el eco de la palabra resuena en sus oídos con la fuerza de un trueno
Lenalee cierra los ojos con fuerza,llevándose las manos a la cabeza.De repente,el aire se vuelve más liviano y,a la vez,insoportablemente cargado. Empieza a observar el rostro de Kanda con una claridad que resulta aterradora,como si una venda se estuviera desprendiendo de sus ojos con cada latido de su corazón
Sus facciones finas y aristocráticas,el cabello negro que cae sobre sus hombros como una cascada de tinta negra,sus ojos rasgados de un azul gélido que antes le resultaban hostiles...Varios elementos caóticos de sus pesadillas,piezas de un rompecabezas que creía perdido,empiezan a cristalizarse frente a ella,cobrando una forma coherente y devastadora
La "niña" del sueño.La figura bonita,feroz y fuerte que la defendía de los científicos en los pasillos blancos de la Rama Asiática.La que le sujetaba la mano cuando el miedo era demasiado grande para respirar
-No puede ser...-Lenalee niega con la cabeza,retrocediendo de nuevo hasta que su espalda choca contra la madera del escritorio.La confusión se mezcla con un horror líquido que le recorre las venas
-Pero...ella era...tú eres...
Kanda observa la escena inmóvil.Ve la confusión,el pánico real y ese dolor crudo que nubla las pupilas violetas de Lenalee.Por primera vez en todo su viaje desde Asia,la duda se instala en su pecho.La frialdad de su juicio,ese muro de hielo que construyó para protegerse de su desprecio,empieza a flaquear
¿Realmente no está fingiendo? ¿Es posible que,de verdad,ella no supiera quién era el hombre que tenía delante?
Kanda se inclina hacia ella,invadiendo su último reducto de espacio personal.Su sombra envuelve a Lenalee,obligándola a sentir el calor de su presencia y el aroma a incienso que siempre lo acompaña.Le susurra con un tono que oscila entre el desafío más cruel y una súplica desesperada que ha estado guardada,bajo llave,durante diez años
-Lo sabes...Lena
CRACK
El muro en la mente de Lenalee no se agrieta;simplemente se desintegra,volviéndose polvo bajo el peso de una verdad que ya no puede ser contenida.El recuerdo la golpea con la fuerza devastadora de un tsunami,arrastrando consigo años de niebla,mentiras piadosas y el olvido selectivo impuesto por la Orden
De repente,el despacho de Londres desaparece.Los gritos de Komui y el olor a café se desvanecen
Ahora está en el templo de Asia.Siente el olor pesado y dulzón a loto flotando en el aire estancado y el frío penetrante del suelo de madera contra sus rodillas.Se ve a sí misma:una pequeña de apenas seis años,llorando desconsolada porque el mundo,tal como lo conocía,se le viene abajo entre paredes blancas y experimentos
Y frente a ella,está "esa niña" de ojos azules.Su rostro,antes nublado por la amnesia,se aclara con una nitidez dolorosa
-No llores,llorona-le dice aquella figura,con una voz que ya entonces intentaba ser más fuerte de lo que su cuerpo permitía
Lenalee observa el cabello negro de su compañera (del niño que ella creía niña) que ya está creciendo lo suficiente como para estorbarle en los ojos,dándole ese aspecto aristocrático y suave.Sin pensarlo,con la urgencia de quien busca un ancla en medio de la tormenta,la pequeña Lena se desata la cinta roja que sujeta su propio pelo y se la extiende con manos temblorosas
-Tómala-dice Lenalee
-Para que te ates el cabello
-No-replica él,dudando por un segundo,mirando el jirón de tela como si fuera algo demasiado valioso para sus manos manchadas
-Tómala-insiste ella,cerrando sus dedos pequeños sobre la palma de él,obligándolo a aceptar el regalo
-Gracias...la cuidaré-responde finalmente esa voz,volviéndose suave,casi un susurro que solo ella puede oír
La escena cambia hacia el momento de la partida.La angustia le oprime el pecho a la pequeña Lena mientras se aferra a la ropa de él
-Debo irme...prometo no morir y esperarte. ¿Y tú? ¿Lo prometes?...Yu
La silueta asiente.Se inclina hacia ella,rompiendo la distancia física y emocional,y Lenalee siente en el presente el roce fantasma de aquel cabello negro contra su mejilla.El niño se acerca a su oído para confiarle un último susurro secreto,una promesa sellada antes de que los pasos pesados de los adultos lleguen para separarlos definitivamente y llevarlos a distintas ramas de la Orden
-Lo prometo...Lena...Iré por ti...Yo siempre cumplo mis promesas
Lenalee observa el recuerdo con una claridad cegadora,como si un rayo hubiera partido la oscuridad que reinó en su mente durante diez años.La imagen de la "niña" de su infancia se transforma bajo la luz de la verdad.No era una niña
Ahora ve los detalles que su mente infantil pasó por alto:la figura llevaba la ropa de entrenamiento masculina de la Rama Asiática,su voz(aunque joven) ya poseía un tono grave y autoritario,y sus movimientos eran bruscos,eficientes y desprovistos de cualquier delicadeza femenina
Pero era tan hermoso,con esas facciones finas,la piel pálida y ese cabello de seda que caía como una cascada,que la pequeña Lenalee,en su absoluta inocencia,simplemente lo asumio
-¡Eras tú!-grita Lenalee,rompiendo el denso silencio de la oficina con una fuerza que hace eco en los pasillos exteriores
Se lleva las manos a la boca,intentando ahogar un sollozo,mientras sus ojos se inundan de lágrimas de puro reconocimiento,de alivio y de vergüenza
-¡La "niña" bonita de la sede! ¡Eras tú! ¡Eras tú todo este tiempo! ¡Yu!
El silencio que sigue a su grito es absoluto,casi físico.Es un vacío donde el tiempo parece haberse detenido
Reever abre la boca,atónito.Su mano se relaja involuntariamente y deja caer su libreta,que impacta contra el suelo con un golpe seco
Komui se asoma lentamente la cabeza desde debajo del escritorio,con las gafas ladeadas sobre el puente de la nariz y una expresión de pura incredulidad. Su "depredador" acaba de ser llamado "niña bonita".
Kanda se queda petrificado.La furia que lo consumía hace solo un segundo,esa rabia de lealtad traicionada,se disuelve instantáneamente en una confusión.Parpadea repetidamente,procesando las palabras de Lenalee como si fueran un idioma extranjero que no logra traducir
De repente,un tic nervioso empieza a aparecer en su ojo derecho,una señal clara de que su paciencia está a punto de ser puesta a prueba de una forma que nunca imaginó en sus peores pesadillas
-¿La... "niña" bonita?-repite Kanda
Su voz suena peligrosamente baja,cargada de una mezcla volátil de estupefacción e indignación masculina.Da un paso hacia ella,pero esta vez no es para intimidarla,sino para exigir una explicación ante semejante insulto a su dignidad
-¿Me... me confundiste con una mujer todo este tiempo? ¿Esa es la estúpida razón por la que no me encontrabas en tus recuerdos? ¿Por qué me buscabas con un vestido?
Lenalee lo señala con el dedo índice,con las mejillas encendidas en un rojo escarlata que delata una vergüenza,pero sus ojos desbordan una alegría inmensa.Es el alivio de haber encontrado,por fin,la pieza que faltaba en el rompecabezas de su vida;el fin de la niebla que la mantenía aislada de su propia historia.Y por sobre todo saber que esta vivo y bien
-¡Es que tenías el pelo algo largo!-se defiende a gritos,agitando las manos en el aire mientras la risa y el llanto luchan por salir de su garganta en un sonido caótico
-¡Y eras demasiado lindo! ¡Y usabas esa ropa de entrenamiento tan rara! ¡Yo tenía seis años,Yu! ¡Pensé que eras mi mejor amiga,la única persona que me entendía en ese infierno!
Kanda siente que las rodillas le flaquean por primera vez en toda su carrera como exorcista.Tiene que apoyar la palma de la mano con fuerza sobre el escritorio de Komui,haciendo crujir los papeles de la anulación,para no desplomarse ante la magnitud de la estupidez de la situación
Toda su furia acumulada,todo su drama de "honor traicionado" y su amarga noche de insomnio rumiando una venganza silenciosa contra la "cobardía" de Lenalee,se desmoronan como un castillo de naipes frente a una verdad tan absurda como humana.
Ha cruzado el océano,ha desafiado al Vaticano y ha vivido como una bestia herida,indignado con una mujer que,simplemente,no sabía que él era un hombre.
Sin embargo,el cerebro lógico de Kanda encuentra una grieta en la historia de Lenalee.El tic en su ceja derecha persiste,pero se endereza de golpe,recuperando parte de su porte autoritario y marcial
Mira a Lenalee con una incredulidad que roza el sarcasmo puro,tratando de asimilar la información antes de que su paciencia termine de evaporarse.
-Espera un momento,Lena-suelta Kanda,usando el apodo con una intención inquisitiva que corta el aire
Señala con un gesto brusco los papeles de la anulación y el contrato original que aún descansa sobre el escritorio,ese trozo de papel que casi se convierte en el acta de defunción de su historia.Su postura es rígida,pero la indignación ha dejado paso a un desconcierto
-Si estabas tan condenadamente segura de que yo era una mujer...-Kanda hace una pausa,tratando de procesar la incongruencia
-¿Por qué demonios firmaste un papel para casarte conmigo? ¿Acaso planeabas casarte con tu "mejor amiga"?
Lenalee parpadea,procesando la pregunta con la lentitud de quien acaba de salir de un sueño profundo.De repente,el fuego de su defensa se apaga de golpe,reemplazado por una timidez que le encoge los hombros
Desvía la mirada hacia las vigas de madera del techo,evitando el contacto visual con Kanda o con los ojos de plato de su hermano,que sigue asomando la coronilla tras el escritorio.Empieza a jugar nerviosamente con un mechón de su cabello oscuro,enrollándolo en su dedo índice mientras sus mejillas mantienen ese tono escarlata persistente
-Ah...eso...-murmura,y su voz baja tres octavas,volviéndose casi inaudible entre el crujir de la estructura antigua de la Sede.
-¿"Eso" qué?-presiona Kanda,dando un paso decidido hacia ella
-Bueno...-murmura ella,bajando el rostro mientras las piezas de su memoria terminan de encajar con un chasquido mental definitivo
Ahora que el muro principal ha caído,los recuerdos de Lenalee se desbloquean en cadena,golpeando su mente como una fila de fichas de dominó que caen sin control.Ya no son fragmentos borrosos;es una película nítida y vibrante.Se ve a sí misma de niña,agachada junto a Yu en la penumbra de la oficina de Bak Chang, moviendo papeles con la agitación nerviosa y la emoción de quien está planeando una travesura infantil,sin tener la menor idea de que está sellando un destino legal ante el mismísimo Vaticano
-Yo tenía seis años,Yu-se justifica Lenalee con un hilo de voz,mientras la vergüenza compite con la nostalgia en su pecho
-No sabía leer bien los kanjis complicados del contrato que robamos de la oficina de Bak.Para mí,en ese entonces,solo eran trazos elegantes y misteriosos en un papel oficial
Kanda siente un tic violento en el párpado derecho.Cruza los brazos con fuerza sobre el pecho
-¿Entonces?-exige él,con una voz que oscila entre la exigencia y el temor a la respuesta
Lenalee levanta la vista y le dedica una sonrisa desesperadamente inocente,encogiéndose de hombros de esa forma tan suya,mientras una risita nerviosa y cristalina se le escapa entre los labios,rompiendo la atmósfera de tragedia griega que Kanda ha mantenido durante días
-¡Pensé que estaba firmando un papel de "Mejores Amigas por Siempre"!-exclama ella,agitando las manos en el aire para enfatizar lo absurdo del asunto
-¡Bak siempre decía que los papeles importantes sellaban los vínculos para que fueran eternos! Yo solo quería que nunca nos separaran... ¡No sabía que los adultos usaban esos mismos papeles para casar a la gente!
El silencio vuelve a reinar en la oficina del Supervisor.Pero ya no es el silencio tenso de hace unos minutos;es un silencio pesado,denso,casi sólido,cargado con la ironía más grande de la historia de la Orden Negra
Reever se cubre la cara con una mano,frotándose las sienes mientras trata de procesar que la crisis diplomática y legal más grande que ha enfrentado la Orden en la última década se originó,simplemente,por un error de lectura de una niña de seis años.A su lado,Komui,que seguía a medio camino entre el suelo y su silla,se queda congelado en una postura ridícula,con un gesto de estupefacción que borra cualquier rastro de su habitual astucia
Kanda,por su parte,observa a Lenalee como si fuera un fenómeno de la naturaleza que desafía toda lógica física y metafísica.
Ha pasado diez entrenando su cuerpo hasta el límite,forjando su alma como el acero de su espada para cumplir un "pacto de sangre y honor",solo para descubrir que,en la mente de su contraparte,solo eran dos niñas haciendo un juramento de amistad eterna envuelto en purpurina imaginaria
Abre la boca.La cierra.La vuelve a abrir,pero no sale ningún sonido.Sus cuerdas vocales,acostumbradas a gritar órdenes en el campo de batalla y a proferir insultos letales,parecen haberse atrofiado ante la magnitud del absurdo.
-¿Mejores...amigas...?-repite Kanda
Su voz,antes autoritaria,gélida y capaz de infundir terror en los buscadores,suena ahora rota,hueca,casi despojada de cualquier voluntad de vivir.Es el sonido de un hombre que acaba de ver cómo su épica tragedia de samurái se convierte en una comedia de enredos infantiles
-¡Es lo que hacen las amigas!-insiste Lenalee,gesticulando con una desesperación creciente mientras su rostro sigue encendido en un rojo escarlata
-¡Prometen estar juntas siempre! ¿Cómo iba a saber mi yo de seis años que "Cónyuge" no significaba "Compañera de juegos"? ¡Tienen casi los mismos trazos si los miras rápido!
Kanda se lleva una mano a la cara,cubriendo sus ojos con los dedos largos y enguantados para no tener que ver la realidad que se despliega ante él.Suelta un gemido de frustración que brota desde lo más profundo de su alma,un sonido gutural que resume dias de malentendidos,semanas de travesía marítima y años de un honor que,en este preciso instante,se siente soberanamente ridículo
-Maldita sea...-gruñe tras sus dedos,y su voz vibra con una mezcla de cansancio extremo y vergüenza
-Me voy a Asia.Ahora mismo.Olvida la anulación,olvida los papeles...Voy a saltar por la ventana y nadar hasta China si es necesario
Se da la vuelta con la intención de cumplir su amenaza de exilio voluntario,pero su porte de guerrero se ha desmoronado por completo.Ya no camina como el samurái ofendido cuya lealtad fue despreciada;se mueve como un hombre cuya dignidad acaba de ser arrollada por la lógica implacable de una niña de seis años
Pero antes de que Kanda pueda dar un solo paso hacia su huida desesperada,Lenalee lo agarra de la manga del abrigo.Es un gesto instintivo,cargado de una memoria muscular que trasciende los años de olvido
Emplea la misma fuerza suave pero inamovible con la que lo sujetaba cuando eran niños y ella temía que el mundo (o los científicos de la Orden) se lo arrebataran para siempre
-¡No te vayas!-exclama ella
Esta vez,su voz ya no carga el peso del dolor o la confusión.Está llena de una risa suave y cristalina que inunda la oficina,rompiendo la atmósfera viciada y helada que ha reinado hasta ahora
-Vale,admito que fue un error tonto.¡Un error estúpido!-dice entre risas y lágrimas de alivio
-¡Pero cumpliste la promesa! ¡Yu,estás aquí conmigo! ¡Cruzaste el mundo entero y viniste por mí!¡Estoy feliz de que estes vivo!
Kanda baja la vista hacia la mano que aprieta su manga con una fuerza que desmiente la fragilidad de Lenalee.Luego,casi a su pesar,como si una fuerza magnética lo obligara a rendirse,se ve forzado a mirar el rostro radiante que tiene frente a él.Los ojos violetas de ella brillan con una devoción y una alegría tan puras que desarmarían al soldado más endurecido de la Orden;es una luz que no veía desde que ambos eran apenas unos niños atrapados en un laboratorio.
En su mente,Kanda libra una verdadera batalla campal
Está furioso,profundamente indignado por la confusión de género que ha durado una década;su orgullo masculino,forjado entre combates a muerte y el frío acero de Mugen,está herido de muerte al verse degradado a la categoría de "Mejor Amiga".Sin embargo,ese resentimiento ácido se disuelve frente a la evidencia innegable:ella lo recuerda.Lo está mirando con esa misma expresión brillante de hace años,la misma que,en medio de la desesperación del templo olvidado,le devolvió el alma
La "Lena" que el recordaba esta alli...
-Tks-Kanda aparta la mirada bruscamente
Sin embargo,es incapaz de ocultar la traición de su propio cuerpo:el rubor se extiende de forma inevitable desde sus mejillas hasta la punta de sus orejas,contrastando con la palidez de su piel.
-Cállate.Eres demasiado ruidosa,llorona-gruñe,aunque el insulto carece de su filo habitual
-Y deja de repetir esa estupidez de que parecía una niña o te cortaré en pedazos aquí mismo.Me importa un bledo el contrato,la Orden y todo lo demás
Lenalee,lejos de amedrentarse por la amenaza de muerte,suelta una risa que suena a libertad.
-¡Pero es que lo parecías!-insiste ella,riendo abiertamente ahora,negándose a soltar la tela de su abrigo como si temiera que,al hacerlo,él se convirtiera de nuevo en un extraño
-¡Eras la niña más bonita que había visto nunca!