Bajo el cielo de Willow Creek

Het
NC-17
En progreso
2
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 88 páginas, 48.019 palabras, 15 capítulos
Descripción:
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Los Pinos

Ajustes
Estoy lista para salir de fiesta con Becca. Hace unos días quedamos en que sería buena idea desconectarnos un poco, y la verdad, desde que regresé a Willow Creek no he salido con nadie en plan "amigas". Aunque solo hay un bar en el pueblo, he escuchado que tiene un ambiente animado y, sinceramente, necesito una noche así. Nos citamos en "Los Pinos", el bar más famoso —y único— de Willow Creek. Cuenta la leyenda que el nombre surgió porque, al construirlo, dos enormes pinos crecían justo en medio del terreno, y en lugar de talarlos, el dueño decidió construir el bar a su alrededor. Al final, uno se secó y el otro sigue ahí, decorado con luces y con cientos de iniciales talladas en su tronco,  parece un árbol de navidad todo el año. Sea verdad o no, todos en el pueblo saben que si quieres divertirte un fin de semana, vienes aquí. Cuando llego al lugar, la música ya se escucha desde la entrada. Hay un grupo de personas bebiendo en la terraza, riéndose, algunos ya tambaleándose. Entro y saludo a varios que me hacen señas levantando sus sombreros, son algunas personas que recuerdo del día de la parrillada en la casa de Albert. El lugar está lleno, pero el ambiente es cálido, rústico y acogedor. Huele a madera vieja, cerveza fría y perfume barato. Busco a Becca, que me dijo que estaría adentro. La veo en una esquina, agitando la mano con entusiasmo para que me acerque. Está con dos chicas más. Me acerco a donde se encuentran.  —¡Me alegra que sí pudiste llegar! —dice con una sonrisa. Luego señala a las chicas—. Ellas son Sasha y Mónica. Ambas me saludan con un gesto amable. —Hola —respondo, sonriendo, tratando de recordar si las conozco de algún lado. Tal vez del mercado, de la iglesia o del instituto. —Voy por unas bebidas, ya vuelvo —dice Becca, dejándonos a solas. —Qué alegría que volviste a Willow Creek —dice Mónica, mientras se acomoda el cabello tras la oreja. —Pues sí, la verdad... entre más tiempo paso aquí, más me gusta —respondo con honestidad. —¿No extrañas la ciudad? —pregunta Sasha, con ese tono curioso que usan en los pueblos pequeños donde todos saben tu historia aunque nunca la hayas contado. —La verdad es que no. Después de ocho largos años tratando de sobrevivir en la jungla de concreto, se siente bien volver. Aquí todo es más tranquilo. —Sí que lo es —dice Sasha, sonriendo—. ¿Es cierto que estás trabajando en el rancho Green?—dice levantando una ceja. —Sí, es verdad.—digo con un tono de alegría, no sabía que me hacía tan bien trabajar ahí hasta que lo digo en voz alta. Ambas chicas intercambian una mirada rápida, cómplice. —¿Qué? —pregunto, frunciendo ligeramente el ceño. Mónica se inclina hacia mí, bajando la voz, como si lo que va a decir fuera confidencial: —Bueno... probablemente te enteres pronto, así que... —hace una pausa dramática y mira hacia ambos lados— Becca está súper enamorada del hijo menor de los Green. Se le escapa una risita y Sasha asiente como si ya lo supiera todo. Becca está enamorada de Albert. No me sorprende. A decir verdad... ¿quién no lo estaría? —¿En serio? —pregunto, esforzándome por sonar indiferente. No tengo muchas amigas en el pueblo, y lo último que quiero es convertirme en "la chica que le robo el chico a su amiga". Además, no tengo ningún derecho a opinar sobre con quién puede o no puede salir Becca o Albert. Él ya es un hombre maduro y grande y puede escoger con quien estar, adémas hace unos días dejamos en claro que nuestra amistad es mucho mas importante que cualquier enredo de unas semanas.  —Sí. ¿Sabes cuál es él, verdad?— pregunta Mónica. Claro que lo sé. Sé cómo se ve, cómo sonríe… cómo se preocupa por los demás, cómo huele y más importante cómo besa.¿Que si sé quién es? Lo sé mejor de lo que debería. —Claro, Albert.—digo intentando sonar como si hablara de cualquiera. —Ese mismo. Es muy guapo, la verdad —dice Sasha. Sí que lo es, pienso, sin poder evitar que se me escape una punzada incómoda en el pecho. —¿Y ellos han salido? —pregunto, tratando de que mi tono no suene tan... interesado.— ¿o es solo un crush? —Sí, creo que salieron en un par de citas hace algunos años —dice Mónica, encogiéndose de hombros—, pero no sé bien qué pasó. ¿Tú recuerdas, Sasha? —Creo que él la rechazó... o tal vez Becca volvió con Mark, su ex. Fue en esa época en que estaban en ese vaivén de relaciones. Ya sabes cómo son esas cosas.— dice mientras sonrie. —Claro —respondo, sonriendo apenas. No debería afectarme. Sé que Albert ha tenido parejas, igual que yo. Entonces, ¿por qué siento un nudo en el estómago? Tal vez es porque ahora no puedo dejar de imaginarlo besando a otras chicas como me besó a mí. Saca eso de tu cabeza, Caroline no es sano. Tú misma dijiste que no pasaría nada más. Lo decidimos. ¿O no? Debo dejarlo. Aunque no dejo de imaginar sus labios en los míos, el calor de su cuerpo…muy bien esto en definitiva no es sacarlo de tu cabeza. —¡Ya volví, chicas! ¿De qué hablan? —dice Becca, regresando con las bebidas y hablanndo muy fuerte para poder escucharla atravez de la música. Mónica y Sasha me lanzan una mirada de advertencia, pidiéndome que no diga nada. —De la vida en el pueblo y de la ciudad —respondo rápido, sin titubear. No quiero meterlas en problemas. —Pues de verdad me alegra que hayas vuelto, Caroline. Y más aún que nos hayas acompañado esta noche. —Gracias —digo con honestidad, Becca nos da las bebidas y hablamos un poco más.  Luego de un rato siento una mano cálida posarse en la parte baja de mi espalda. Me doy la vuelta casi por reflejo… y ahí está él. Albert. Con su mano caliente y firme en mi espalda, como si le perteneciera.   Miro hacia arriba y veo su sonrisa —esa que me desarma sin remedio—, su maldito sombrero blanco y esa mirada que me golpea directo en el pecho, dejándome sin aire. Se ve tan alto, tan imponente… tan condenadamente guapo que duele mirarlo demasiado tiempo. Huele tan bien que parece todo un sueño. Siento el impulso —brutal, incontrolable— de quitar esa mano y ponerla en mi cintura, de esconderme en sus brazos y no volver a salir nunca más.No sé si es por lo que dijeron de Becca y él… o si es algo que siempre ha estado ahí, creciendo en silencio. No quiero ser celosa. No tengo derecho. Albert no es mío.Pero, Dios… cómo lo quiero. Cómo lo deseo. Y cuánto daría porque, aunque fuera por un instante… sí lo fuera. Ahora mismo  Nos miramos tanto que siento que todo alrededor se desvance y es solo mirandonos, exminandonos. Cuando desvia su mirada a donde estan las otras chicas siento que vuelvo a respirar.No retira la mano de mi espalda. La mantiene ahí como si fuera lo más natural del mundo. Como si yo fuera suya. —Señoritas —saluda, con ese tono suave que parece ralentizar el tiempo a su alrededor. —Hola, Albert —responden las tres chicas frente a mí. Sus sonrisas son tan amplias que casi parece que les duelen las mejillas. —¿Cómo están pasando su hermosa velada? —pregunta, como todo un caballero. —Albert… ¿qué haces aquí? —logro decir al fin, cuando recupero un poco la conciencia. Levanto el rostro para ver su reacción, pero él ya me está mirando. Baja apenas la cabeza, buscando mis ojos, y en sus labios se dibuja una pequeña sonrisa que me desarma. —La pregunta es: ¿qué haces tú aquí? —responde, con un toque de picardía en la voz. Dirijo la mirada a las chicas. El rostro de Becca se ha puesto rojo como un tomate. Está tan nerviosa con la presencia de Albert que no ha notado su mano en mi espalda. Eso me hace sentir todavía más incómoda. —Pues Becca fue tan amable de invitarme a salir —digo bromeando, intentando aligerar el ambiente—. Mucho más amable que tú. Ya que tú estas aquí y nisiquiera pensaste en invitarme.  Su mirada se frunce un poco pero de manera amistosa. —No pensé que "Los Pinos" fuera un lugar para ti —responde, mientras su mano se mueve suavemente, acariciando mi espalda.  La tomo con cuidado, sin que los demás noten, y la aparto. Aunque quisiera que la dejara ahi toda la noche, y me tomara incluso más en sus brazos no es lo correcto. Quedamos como amigos y si Becca llega a notarla empeorare la situación, una situación que no tiene ningún sentido. Albert observa el gesto, frunce los labios y cierra el puño a su costado. Deja la mano colgada como si nisiquiera fuera a usarla más en toda la noche. —Si quieres acompañarnos, eres más que bienvenido —dice Becca, claramente entusiasmada. —No quiero molestar… —No molestas para nada —agrega ella rápido. —Bueno… vine con amigos, así que… —¿Amigos? —pregunto, alzando una ceja—. ¿Tienes amigos aparte de Max y Chester? o ¿este bar admite caballos? Albert pone cara de ofendido, se lleva su otra mano, la que no estaba en mi espalda a su pecho.  Sus ojos son de sorpresa y risa. —Claro que tengo amigos. ¿Qué creías? ¿Que soy un ermitaño? Nos reímos. Su mirada cautiva la mía. Es fácil hablar con él. Demasiado fácil. Me hace reír. Me hace sentir… viva. Además de ser guapo, es atento, encantador… Para. Basta. Ya es suficiente. Si sigo por ese rumbo no voy a salir bien, mi corazón y el de Albert estan en juego. —Puedes llamarlos si quieres —dice Mónica, claramente interesada y haciendo que volvamos al presente. —¿Seguras?— dice como si no quisiera molestar.— Solo me acerque a saludarla. —¡Sí! —responden las tres con entusiasmo. —No nos molestan de verdad. — dice Becca con corazónes en los ojos.  Albert me sostiene la mirada un segundo más, como si buscara una señal. Yo solo trago saliva. —Muy bien, entonces si me permiten un momento, Vuelvo en un segundo. Luego asiente y se retira. Tan pronto se aleja, las chicas empiezan, casi sin darse cuenta, a arreglarse: se alisan el cabello, ajustan la ropa, se retocan los labios. Ya se ven increíbles de por sí, vinieron tan arregladas que me sorprende que no este la mesa llena de hombres buscando su atención. A decir verdad los nerviosos deberían ser los hombres. Yo, por otro lado, solo llevo unos jeans ajustados y una blusa de mangas cortas con el logo de una de mis bandas favoritas. No vine a impresionar a nadie. Solo a distraerme. En realidad no tenia ni idea de como venir vestida para un lugar como este y a decir verdad me alegra no haberme arreglado mucho. Así Albert no tendra que ponerme atención y talvez Becca pueda intentarlo de nuevo con él. No es como que sea lo que yo quiero, pero si es lo mejor para ambos pues que asi sea. —Los amigos de Albert son demasiado guapos —dice Sasha, sin disimular, sacandome de mi transe. —Es verdad —añade Becca—. Aunque nunca como Albert… Intercambian una risa traviesa, como dos adolescentes cómplices. —Nunca se acercan a nosotras —comenta Mónica. —Ni a ninguna otra chica —agrega Sasha—. Siempre vienen, toman algo, conversan entre ellos y se van. No son de los que conquistan, por eso es raro que vengan con nosotras esta vez.  Becca talvez puedas intentarlo de nuevo con Albert. Becca sonrie y en definitiva se ve como toda una chica enamorada. Ahora si me me siento mal. Como si la estuviera traicionando, o si ella me estuviera traicionando a mi pero no, no es así Albert y yo no somos nada. Él no quiere nada y Becca podra ayudarle a salir de eso lo se. Debo estar feliz por mi amiga, es lo que debo ser.  Cuando Albert regresa, trae consigo a tres hombres. Y sí, son guapos. Muy guapos. Pero Becca tenía razón: ninguno como Albert. Uno de ellos, rubio, con ojos azules tan intensos como el cielo despejado sobre los campos, se adelanta con una sonrisa encantadora. —Buenas noches —dice, con una voz suave pero segura—. Nos contaron que estas bellezas querian un poco de compañia… y bueno, vinimos a solucionar ese problema. Las chicas ríen nerviosas. Yo también me río, más por sorpresa que por coqueteo. En Nueva York nadie se atrevería a hablar así sin sonar ridículo, pero aquí… aquí resulta casi adorable. —Pues, a decir verdad, nos gustaría bailar… No sabemos si a ustedes les parece —responde Mónica, con un tono coqueto. —Claro que sí —dice otro de los chicos, uno delgado, de cabello castaño claro y sonrisa encantadora—. ¿Le gustaría bailar conmigo hermosa dama? —le pregunta directamente a Mónica mientras le extiende una mano. Ella la toma con entusiasmo y se van a la pista de baile sin pensarlo dos veces. Becca, decidida, se acerca a Albert y le sonríe: —¿Te gustaría bailar conmigo? Albert me mira. Solo un segundo. Un segundo que me pesa más de lo que debería. Yo le devuelvo la mirada con una sonrisa rápida, forzada, fingiendo que no me importa. No quiero que Becca pierda su momento, no cuando se ve tan feliz. Y quizás, si lo veo con otra, finalmente se me pase esto. Esta... cosa que me aprieta el pecho cada vez que está cerca. Albert asiente, algo contenido, y se va con ella a la pista. Sasha ya está hablando con el rubio de ojos celestes, y por cómo se ríen, no parece que tarden en irse también a bailar…  a besarse o lo que quieran la verdad. Así que me quedo al lado de un tipo que parece sacado de una campaña de ropa para leñadores. Podría ser fácilmente otro hermano Green. Se ve un poco mayor que Albert, puede que tenga mi edad no lo se, es de cuerpo enorme, hombros anchos, manos callosas. Un trabajador del campo, sin duda. Pero uno muy sexy. —Hola —dice mientras se acerca con paso lento, casi cuidadoso. Es amable. Educado. Pero no tiene oportunidad conmigo, ni aunque me lo pidiera el mismísimo cielo. No mientras tenga este desastre de sentimientos por Albert. Sentimientos que no quiero —y no debo— confesar. —Hola —respondo con una sonrisa neutra. —Soy Jay. ¿Te gustaría bailar o prefieres quedarte aquí? Miro instintivamente hacia Sasha, buscando una salida, una excusa. Pero ella y el chico rubio ya están besándose como si se conocieran de toda la vida. Fantástico.¿Cuándo pasó? No tengo idea. —Ahhhh.....Creo que podemos bailar —respondo con amable resignación. Jay toma mi mano con cuidado, la coloca sobre su hombro y me guía entre las personas hasta llegar al centro de la pista. Pone sus manos en mi cintura, yo pongo las mías en sus hombros y comenzamos a bailar. Es una canción pop que no está hecha para bailarse así, pero ¿cómo se supone que una baila una canción pop en pareja? Nos movemos con el ritmo, sin decir mucho. Poco a poco, empiezo a disfrutar del momento. Dejar de pensar. Dejar de sentir. Solo moverme. No hablamos, solo pasan varias canciones y la verdad la estoy pasando muy bien. Intento no buscar a Albert con la mirada no quiero ver que esta haciendo con  Becca, no creo que esto sea sano para mi mente. Entonces, Jay me da una vuelta, y termino con la espalda pegada a su pecho. Sus manos recorren mi abdomen, y siento su mentón apoyarse suavemente en mi hombro. Esta muy cerca. Demasiado. Llevamos ya un rato bailando por lo que siento su cuerpo sudoroso envolverme. No se por que pero no se siente agradable. Si fuera Albert por otro lado no me importaria ser envuelta en su aroma. —Eres muy guapa —susurra en mi oído. Me tenso. Odio cuando los hombres dicen esas cosas como si fueran una llave para abrir algo dentro de ti. ¿Qué se supone que debo decir? ¿Gracias? ¿Qué halago tan original? Así que me aferro a lo primero que se me ocurre. —¿Hace cuánto conoces a Albert? —No quiero hablar de Albert —responde en un murmullo que roza mi oído. Su aliento me eriza la piel. No de emoción, sino por instinto del aire.—¿Tienes frío? Si quieres puedo… Pero no termina la frase. En ese momento, Albert aparece. y le toca el  hombro. —Amigo, ¿quieres ir afuera un momento? —le pregunta Albert. Jay se detiene. Siento como su agarre se afloja un poco y me siento mucho mejor ya que Albert esta aquí. Por otro lado el cuerpo de Jay se tensa, su mandíbula se marca. —No, estamos bien aquí.— suena molesto. Albert no sonríe. Sus ojos se clavan en los de Jay con una intensidad que enfría el ambiente. Su postura, rígida, firme, emite una advertencia silenciosa. Yo sigo con la cabeza apoyada en el pecho de Jay, mis manos descansan en sus brazos. Es muy alto, igual que Albert, así que levanto la mirada y lo veo. Albert me observa, pero su atención va y viene entre mis manos y la cara de su amigo. Está tenso. Molesto. Becca llega por detrás y le toca el hombro. —Déjalos Albert, se la están pasando bien. Si quieres tomar aire, podemos ir juntos tú y yo afuera—dice con voz ligera. Albert aprieta la mandíbula aún más. Luego me mira directamente. —¿Caroline? No sé qué espera que diga. ¿Quiere que le pida que no se vaya con Becca? ¿Que le diga que se quede? ¿Que me vaya con él? No lo sé. No puedo leerlo. —Albert… —digo, y es lo único que me sale. —Amigo, ve a pasarla bien con Becca. Caroline y yo estamos bien. Y si ella necesita algo... yo se lo puedo dar.—dice con un tono que hace referencia a algo más. No sé si lo dijo con doble sentido, pero el efecto es inmediato: suelto los brazos con los que rodeaba a Jay como si me hubieran quemado. Albert esboza una sonrisa pequeña, apenas visible. Me aparto de Jay con rapidez. —Creo que voy a ir por una bebida y luego al baño, ya vuelvo —miento. Me alejo, abriéndome paso entre la multitud. La barra está llena, pero no me importa. Prefiero perderme entre desconocidos antes que quedarme en esa incomodidad con un hombre que ni conozco pero quiere darme lo que necesito, que horror. Cuando por fin de un largo rato me dan mi trago, decido salir a tomarlo al aire libre. Necesito un momento de paz. Me gusta salir de fiesta, pero hacía tanto tiempo que no lo hacía, ya no tengo la misma energía. Tal vez sea la edad… o el cansancio emocional que traigo encima. No lo se. Ya en la terraza, busco un rincón tranquilo. Me acerco a la esquina del edificio, y entonces escuchó una conversación. Reconozco las voces: es Becca… y Albert. Estan en un costado casi en el callejón del bar.  Así que al final sí salieron juntos. Supongo que se fue con ella como le dijo Jay.  Me quedo en silencio y aunque se que no es correcto escucho la conversación. —Creo que mejor no —dice Albert. —¿Pero por qué?— dice Becca sonando un poco triste y desesperada.  —Becca, tengo mis motivos. —Es solo sexo, Albert. No pasa nada. Ya lo hemos hecho antes. No, no, no. Justo lo que no quería escuchar. Becca ha dormido con Albert, pense que solo habían tenido una cita o algo. Esta bien Caroline tu tambien has estado con otros, por que te molesta tanto. No es  normal. Solo pienso que bien por ella. Pero no por mí. —Sí, lo sé. Pero eso fue hace muchos años, Becca. Éramos diferentes. Fue una época distinta. Ya no es lo mismo. No para mí yo... Hay un silencio tenso, un silencio demasiado largo. Me asomo, muy despacio, por la esquina para ver si se han ido. Pero no. Siguen ahí. Y entonces los veo besándose. Las manos de Becca están en su cuello, jalandolo hacia ella. Pero las de Albert cuelgan a los lados de su cuerpo. Como si no supiera qué hacer. Como si estuviera atrapado en algo que no desea. Una estatua. Es una imagen triste, incluso para mí. No porque se estén besando… sino porque es evidente que ella es la única interesada. Albert no la rechaza, pero tampoco la corresponde. El beso es torpe, casi ensayado.  Y aún así mi corazón no entiende la diferencia. Duele igual. No sirvió de nada verlo con otra, sigo sintiendo estos sentimientos por él. Y ahora son incluso peor. Finalmente, él levanta las manos. Las pone en sus hombros. La empuja suavemente, solo lo justo para apartarla. Me escondo de nuevo en la esquina, tragando el nudo que se me forma en la garganta. Se que deberia volver adentro pero quiero saber,  necesito saber. —¿Lo sentiste? —pregunta Becca con voz temblorosa casi como una suplica—. Lo que tenemos. —No.—dice cortante. Auch. Me dolió hasta a mí. —¿Aún te gusta ella? —dice Becca. Suena rota. —Sí. Tan frío. Tan claro. —Pero ella no siente lo mismo por ti, Albert. Ya la viste se fue con otro. Ademas han pasado años y aún no la superas. Ella nunca te va a amar. Y lo sabes. Ella no es de nuestro mundo. Volvio y aún así no te quiere.  ¿Están hablando de mí? ¿Cómo sabe Becca lo nuestro?¿Porque esta diciendo esas cosas de mi? —No me importa —dice él. —No puedes decir eso. Hay personas que sí te queremos, Albert. Que sí te valoramos. —suena muy dolida—Caroline te va a romper el corazón igual que lo hizo Maggie. Y cuando lo haga, yo no voy a estar para repararte. No esta vez. —Es diferente con Caroline. —¿Me vas a decir que la amas más de lo que amaste a Maggie? —Sí. Y Maggie lo sabía. No es como si se pudieran guardar secretos en este pueblo. —Ella no te quiere. —Lo sé.—suena triste. No puedo seguir escuchando. No debo. Mi corazón late con fuerza, desbocado, como si quisiera salirse de mi pecho. Esto… esto fue horrible. Odio que Albert no sepa lo que siento. Odio este nudo en la garganta, esta incertidumbre que no me deja respirar. No sé qué hacer. ¿Debería decírselo? ¿Arriesgarme?Pero… ¿y si para él esto no es nada? ¿Y si de verdad quiere que todo siga igual, sin cruzar esa línea? ¿Y si lo pierdo?Trago saliva. Tal vez lo más fácil sería irme. Volver a la ciudad y probar suerte de nuevo en alguna otra empresa. Dejar todo esto atrás antes de que duela más de lo que ya duele. Pero no quiero lastimarlo y no quiero dejarlo y dejar todo esto.Albert se ha convertido en una de mis personas favoritas en el mundo… y lo último que quiero es ser la razón por la que algo se rompa entre nosotros.Doy un paso atrás. Luego otro. Me alejo en silencio, regresó adentro, a donde estábamos sentados. Y veo a Jay, aún está ahí. Esperando por mí. Veo que se pone de pie para, según él, volver a sus brazos.  —¡Hola! Pensé que no volverías. ¿Cuánta fila hiciste? —Ahhh, jajaja —levanto mi bebida intacta como prueba—. Había mucha gente. —Me lo imagino —responde con una sonrisa. Entonces  veo que vuelven Albert y Becca a la mesa. Ella luce perfectamente compuesta. Como si nada hubiera pasado. Completamente feliz. Albert se ve un poco pensativo como si las palabras que le dijo Becca estuvieran empezando a calar en su mente.  —¿Todos bien? —pregunta Becca, fingiendo alegría. Se supone que no sé nada. Así que sonrío con cortesía. —Te ves muy alegre Becca— dice Jay. —Pues…ya sabes—le guiña un ojo, desvia su mirada de Jay hacia mi —¿conseguiste tú bebida? —me pregunta —Sí, hice una fila extrema—digo con una risa ligera, intentando romper la tensión y levantando de nuevo mi bebida. —Bueno, volvamos a lo nuestro —dice Jay, acercándose. Mierda. Creí que me había librado de esta. —Lo siento, amigo, es mi turno —dice Albert, con una sonrisa que no le llega a los ojos. Veo como se le borra la sonrisa a Becca de su rostro.  Jay le sostiene la mirada por unos segundos a Albebrt. Hay algo en ese intercambio que dice mucho más de lo que cualquiera está dispuesto a decir en voz alta. No sabía que los hombres también hablaban así, con silencios cargados y posturas tensas. Como una lucha mental. —Toda tuya, amigo —dice Jay finalmente, levantando las manos en señal de rendición. Albert me mira. —¿Te gustaría bailar conmigo, Caroline?—Veo en su mirada un pequeña luz de esperanza, como si lo rechazara en este mismomomento seria el final y aún así no esta dispuesto a rendirse.  —Claro —respondo, antes de que pueda pensarlo demasiado. Dejo mi vaso en la mesa y me voy con Albert. Lo siento mucho por Becca se que es mi amiga pero en este momento Albert necesita más de mi y no pienso darle la espalda. No despúes de todo lo que él a hecho por mi. Jay se queda con Becca y empiezan a hablar entre ellos, dándonos espacio. Cuando Albert y yo llegamos a la pista, comenzamos a bailar de manera ridícula. Nos movemos con torpeza a propósito, haciendo el tonto uno frente al otro. Me hace reír, y eso me encanta. Me siento aliviada, como si el momento incómodo de hace unos minutos se hubiera disipado entre pasos de baile sin pretensiones. Bailamos así por varias canciones, riendo y pasándola bien, hasta que el DJ decide cambiar el tono y pone una balada suave. Las parejas a nuestro alrededor comienzan a acercarse, los cuerpos se alinean, las luces se atenúan. Albert me mira, buscando una señal. —Podemos volver a la mesa, si quieres—dice con cautela. —No, está bien. Podemos bailar juntos si no te molesta —le digo, con más firmeza de la que siento. —No me molesta —responde, y da un paso hacia mí. Coloca sus manos en mi cintura. Es el mismo gesto que hizo Jay antes, pero se siente completamente distinto. No es solo su tacto. Es su energía. Mi cuerpo lo reconoce incluso antes de que mi mente lo asuma, y reacciona: los latidos se aceleran, mi respiración se vuelve más corta. Coloco mis manos en su pecho y puedo sentir los latidos de su corazón ir muy rapido. Bailamos en silencio, y en un momento su frente roza la mía. Nuestros rostros estan tan cerca que puedo sentir su respiración. Me repito internamente: No te muevas. No respires. No sientas su respiración sobre tu piel. No sientas nada… Mientras nos balanceamos.  —¿Por qué me rechazaste antes? —pregunta, su voz apenas audible entre la música y la cercanía. —¿Cuándo?— digo intentando no perderme en su mirada.  —Cuando puse mi mano en tu espalda. Hace unas horas. —Ah…No te rechacé… —digo, con la voz baja. No quiero mentir, pero tampoco quiero abrir una puerta que no estoy lista para cruzar—. Es solo que… Becca. —Becca —repite, como si probara la palabra en la boca tal vez recordando el beso que acaban de tener. Asiento. Su nariz roza la mía. Entonces me da la vuelta, y de pronto estoy de espaldas a él. Mi espalda choca contra su pecho, fuerte y cálido. Siento su respiración en mi cuello. El aire se espesa. Me sostiene con firmeza, con las manos en mi abdomen, abrazandome contra él, su corazón late contra mis omóplatos, como si el ritmo me hablara. Siento como baja su rostro a mi altura para poder escuchar su voz. —No me interesa Becca. Me quedo en silencio un momento. —Tú le gustas. —Lo sé. Es tan honesto, habla igual a como estaba hablando con ella afuera sin rodeos solo honestidad. Baja su cara y la apoya en mi hombro. Me da un pequeño beso en el hombro  y luego inhala mi aroma. Separa sus labios y lo escucho decir. —Caroline Whitmore —susurra mi nombre, más para sí mismo que para mí. Tengo mis manos sobre sus brazos, pero levantó mi mano derecha, y la colocó suavemente en su mejilla. Giro apenas el rostro, sin pensar demasiado. Tiene los ojos cerrados. —¿Sí? —susurro, solo para él. Entonces lo siento. Algo duro, firme, presionando la parte baja de mi espalda. Mi cuerpo se congela. Es su miembro duro y firme dentro de sus pantalones chocando contra mi, palpitando por mi. Solo dije la palabra "si" y causé ese efecto. Albert se da cuenta de inmediato y me suelta como si le hubieran quemado las manos. Da un paso atrás, avergonzado. Sus ojos no saben dónde mirar. Yo me doy la vuelta. Su rostro es puro desconcierto, mezcla de deseo y culpa. No dice nada. Y solo se aleja de mí, dejándome sola en la pista de baile.
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