Bajo el cielo de Willow Creek

Het
NC-17
En progreso
2
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 88 páginas, 48.019 palabras, 15 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
2 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Decisiones

Ajustes
Desde aquella noche que pasamos juntos en mi casa, Albert y yo hemos pasado mucho más tiempo juntos. En el rancho, en mi casa, en la suya. No sé si “salimos”. No lo hemos dicho en voz alta. Supongo que somos pareja, aunque no lo hemos hecho oficial. Como siempre, otra conversación pendiente que ninguno se anima a iniciar. Sin embargo, los demás parecen haber sacado sus propias conclusiones. Cuando salimos al pueblo y vamos de la mano, la gente que conoce a Albert —o que nos conoce a ambos desde hace años— lo felicita como si hubiera ganado un campeonato nacional de rodeo. Me sorprende. No solo por la atención repentina, sino porque me doy cuenta de que tal vez esto siempre estuvo ahí, latente, y yo nunca lo vi. O tal vez nadie me lo quiso decir. Que ciega fui.  Cada vez que alguien lo felicita, Albert me mira con una mezcla de vergüenza y orgullo que, honestamente, lo hace ver más adorable que nunca. —¡Eso, chico! ¡Lo lograste! —dice el señor Richards, el dueño de la farmacia, mientras pasa junto a nosotros en la acera, con una sonrisa cómplice. Y le ha unas palmadas en la espalda a Albert. Lo miro, sorprendida. —¿Me podrías explicar cómo el señor Richards sabe de esto? Albert se frota la nuca, incómodo pero divertido. —Bueno… hubo una vez… que estaba un poco borracho… y terminé en la farmacia buscando ibuprofeno y no sé qué más. Creo que esa noche lo convertí en mi confesor. Ya sabes tenia que sacarlo todo.  —¡¿Qué?! —exhalo y pongo los ojos en blanco—. No lo puedo creer. Albert se ríe. —¿Qué quieres que haga? No soy bueno con los secretos. —¿Y por qué nunca me lo dijiste? —Porque… eres mayor que yo. —¿Que?—digo incredula— Tampoco soy tan mayor que tu por unos  años nada más. Aún así. ¿ eso qué tiene que ver? —Que… me intimidabas. Mucho. —dice confezandose.  —¿Yo? ¿Yo te intimidaba? —Sí. Aún lo hacés —responde sin pensarlo, con total sinceridad. Solo me río. No puedo evitarlo. No sé si me parece gracioso o enternecedor… o ambas cosas. Un martes por la tarde, paso por la tienda donde trabaja Becca se que me ha evitado desde la fiesta de la otra noche. Pero necesito comprar algunas cosas para el rancho: clavos, cuerda, algo de comida para los caballos, así que es muy probable que me la encuentre. Cuando entro, la campanilla sobre la puerta suena y la veo detrás de la caja. Está organizando unos recibos y se pone rígida al notar mi presencia. Me adentro a la tienda a buscar lo que necesito en realidad quiero evitar hacer esto mucho mas incomodo, tomo mi tiempo quiero que ella se sienta comoda ya que estamos a punto de tener la conversación, se que ella debe saber lo que pasa con Albert y conmigo así que es muy probable que tenga muchas cosas que decir y yo estoy lista para hablarlo. Cuando llegó a pagar por mis productos me dice. —Hola, Caroline —su voz esta un poco tensa, como si no estuviera segura de cómo recibirme—. ¿Cómo estás? ¿Cómo ha estado todo? —Hola, Becca. Bien, gracias. ¿Y tú?—quiero sonar lo más amistosa posible, no hay razón para hacer esto mas incomodo. Ella asiente, pero no responde de inmediato. Sus manos siguen pasando los productos por el escáner con movimientos mecánicos. Evita mirarme a los ojos. El silencio entre nosotras es espeso, incómodo. Ese tipo de silencio que no necesita palabras para hacer ruido. Y aunque no diga nada, sé exactamente lo que está pensando.  Lo leo en su expresión contenida, en sus dedos que aprietan más de lo necesario la bolsa de papel. Entonces, sin levantar la vista, lo suelta: —¿Por qué sales con él?—suena molesta o dolida lo entiendo completamente, ha estado enamorada de él por mucho tiempo y aunque se que estuvieron juntos nunca paso a más, eso debe ser muy doloroso. Aún así quiero saber que quiere decir con esa pregunta. Su mirada sigue puesta en los productos frente a mí, como si allí pudiera encontrar una respuesta. —¿Disculpa? —Tú ni siquiera lo amas —dice, con la voz temblorosa pero firme aún mirando los productos que he seleccionado—. Ni sabías que existía hasta que volviste. No te interesa este pueblo. No te vas a quedar aquí. ¿Por qué le haces esto?—escupe cada palabra con el mayor de los sentimientos de ira que puede encontrar. Su mirada finalmente se encuentra con la mía. Y duele. No por sus palabras, sino por la rabia contenida detrás de sus ojos. —Becca…yo...—me duele verla así, se que no hemos sido amigas por mucho tiempo pero no quiero que me odie y mucho menos que piense que lo hago solo para lastimarla.— yo no pienso lastimarlo. Si estás hablando de Albert… —Claro que hablo de Albert —interrumpe—. Tú no sabes nada. No tienes idea de lo que ha pasado, de lo que ha sufrido. Él estaba mejor conmigo. Deberías volver a tu vida en la ciudad y dejarnos en paz. Lo quieres todo. Siempre has sido así. Avariciosa. Sus palabras son un golpe seco. No grita, pero cada sílaba tiene filo. Me quedo en silencio un segundo, procesando, respirando hondo. —Becca, no quiero pelear contigo por un hombre. No es lo correcto, y en el fondo, tú también lo sabés. Ella niega con la cabeza, pero no dice nada. Aún está furiosa. Aún le duele. —Tú eres una mujer increíble.—continuao— Estás sacando una carrera universitaria, trabajando, saliendo adelante. No tienes que conformarte con alguien que no siente lo mismo que ti. Eso no te define... —Lo dices solo porque está contigo —dispara, herida. —No. Lo digo porque lo creo. Sí, ahora estoy con Albert, pero eso no me hace mejor que tú. Y tampoco te hace menos. Ser querida por alguien mas no te válida. Lo que eres, lo que hacés cada día por ti misma… eso sí. Veo cómo la expresión de Becca cambia. Sus ojos se empiezan a llenar de lágrimas, y me parte el alma. No quiero hacerla llorar. No vine a eso. Solo quería comprar cuerda y pienso para caballos. Pero aquí estamos, entre verdades y heridas abiertas. —Siento mucho que él no corresponda a tus sentimientos —digo con suavidad, sin juicio—. Pero sé que vas a encontrar a alguien que sí. Alguien que te mire como merecés ser mirada. Porque lo valés, Becca. Lo valés todo. Ella guarda silencio. Se seca las manos en el delantal del uniforme, como si necesitara hacer algo físico para mantenerse firme. Finalmente, cuando logra hablar, su voz sale más suave, más humana: —Ya entiendo por qué se enamoró de ti.—es solo un susurro pero puedo escucharla perfectamente. Me sorprende su comentario. No lo esperaba. Pero tampoco fue algo que planeé decir para quedar bien. Simplemente dije la verdad. Ella es una chica increíble, y aunque el corazón no siempre elige de forma justa, eso no le quita valor. —Gracias —respondo al fin, con honestidad. Y sin pensarlo demasiado, le tomo la mano que descansa sobre el mostrador. Becca baja la mirada, y por un segundo creo que va a volver a romperse. Pero no. Alza la cabeza y me ofrece una sonrisa débil pero genuina. —Si no te molesta… —dice, aún suena triste pero creo que necesita procesar sus sentimientos— sería agradable salir un día de nuevo. Las chicas y yo vamos a la cafetería de Maggie los viernes y para ser sincera la pasamos muy bien la última vez que salimos así que… ¿te gustaría acompañarnos algun dia? Veo en su mirada cada sentimiento, se que apesar de que le duele la situación y no quisiera dar por vencido a Albert entiende que es lo mejor para todos, que no vale la pena hacernos enemigos cuando podemos seguir adelante y tener una relación sana. —Sí —digo, sonriendo también—. Me encantaría volver a salir. Las chicas fueron muy amables conmigo… y tú también porsupuesto. Me encantaría tener una amiga, no tengo muchas la verdad en el pueblo. —Gracias. Tú también eres... bueno, bastante agradable. A decir verdad. Nos reímos apenas, compartiendo un momento inesperadamente cálido. No somos amigas, todavía. Pero tal vez, con el tiempo, podríamos llegar a serlo. Cuando salgo de la tienda, el cielo ha comenzado a nublarse. El calor pegajoso del día se convierte en una brisa más suave, casi como si el aire también necesitará soltarse. Camino hasta el carro, donde Albert me espera con el brazo colgando por la ventana abierta, mirando su celular. Levanta la mirada y me mira sus ojos se suavisan cuando encuentras los mios, creo que si sigue haciendo eso cada ve que me mira me voy a derretir como un helado.  Subo al carro y me pongo el cinturon de seguridad.  —¿Había mucha gente? —pregunta mientras arranca y empezamos a conducir de regreso al rancho. —No… en realidad me encontré con Becca. Trabaja aquí —respondo mientras su mano derecha que esta libre busca la mia y las entrelaza.  Albert gira un poco la cabeza, atento. Veo su expresión hay algo protector en ella, pero no está tenso. Solo quiere saber si estoy bien. —¿Te dijo algo? ¿Te hizo sentir mal?— pregunta con cautela.  —No. En realidad creo que necesitaba hablar, y me alegra haberla escuchado. —le digo con voz suave—Hasta quedamos en salir un día con las chicas. Ir a tomar algo o algo así. —¿En serio? —dice, incrédulo, arqueando una ceja. —¿Y eso por qué te sorprende? —Bueno, es que… —titubea un poco. —¿Qué? ¿Porque ustedes tienen historia? ¿Que se acostaron? La expresión de Albert es de absoluto terror. Se le congela la cara como si acabara de ver un fantasma. Me echo a reír por su reacción. Es el mismo chico dulce de siempre… incapaz de esconder nada. —Fue hace años, yo… Yo… no pensé que supieras, lo siento debí habértelo dicho. Yo... yo...—balbucea. —Ya lo sabía, Albert. No te preocupes —digo, haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia. —Pero… —En serio. No pasa nada. Mientras no estés con ella y conmigo al mismo tiempo, todo bien —le guiño un ojo, divertida. —¡Por Dios, Caroline! No digás esas cosas —responde con una mezcla de vergüenza y risa nerviosa. Suelto una carcajada y sostengo su mano y la llevo a mis labios. Le beso el dorso con cariño. Su piel es cálida y familiar. Se relaja al instante. —Confio en ti Albert. El solo me mira con una expresión de cariño, disculpa y comprensión. El camino hasta el rancho transcurre entre bromas y pequeñas miradas. Todo parece estar bien, estable… hasta que suena mi teléfono. Lo sacó del bolsillo sin mirar la pantalla, pensando que será una llamada del banco o alguna promoción molesta. ¿Quien llama en estos dias?.  —¿Sí? —atiendo sin mucho entusiasmo. —¿Hablo con la señorita Whitmore? —pregunta una voz femenina, educada y elegante. —Sí, con ella habla —respondo, no se muy bien quien es pero me da le impresión de que es algo importante. —Señorita Whitmore, la estamos llamando desde Nexora Business Group. Tenemos en nuestro registro su solicitud de hace unos meses y… hemos revisado su perfil. Nos parece una excelente candidata para la posición que estamos ofreciendo. Me quedo en silencio. Congelada. Esa empresa… esa solicitud… ni siquiera la recordaba. Me enderezco un poco en el asiento. Veo como Albert nota mi cambio y suelta mi mano para darme un poco más de espacio. Él se concentra en manejar aúnque veo que de vez en cuanto echa una mirada a mi dirección. En algún momento, durante esos días oscuros en Nueva York, mandé mi currículum a docenas de compañías, casi sin esperanza. Pero esta… esta es distinta. Nexora es la compañía que siempre quise. El tipo de oportunidad por la que habría dado todo hace apenas un año. —Ah… claro. Gracias. ¿Podría decirme más sobre la oferta? —respondo con la voz tensa, aunque trato de sonar profesional. No quisiera hablar de esto frente a Albert pero no quiero perder la oportunidad, siento que si le pido que me llame despúes puede que vea que no estoy interesada.  La mujer comienza a hablar. Me da los detalles del puesto. El salario. La ubicación. El paquete completo. Es perfecto. Es el sueño, justo lo que queria y sinceramente lo que cualquiera querria en una empresa como Nexora. Intercambiamos un par de preguntas y respuestas sobre el trabajo. Me emociono no puedo creer que hayan pensado en mi para esta posición es increible.  Cuelgo unos minutos después, con el corazón latiendome en la garganta. Albert no dice nada, pero me mira de reojo, notando cómo el aire cambió entre nosotros. Lo siento y no se como comentarle que la mejor oportunidad laboral se acaba de aparecer en la puerta de mi vida. Bajo la vista hacia mis manos, aún temblorosas. Lo que siempre soñé… está ahí. Al alcance. Una vida nueva, brillante, de vuelta en la ciudad. De vuelta a todo lo que creí haber perdido. Pero por primera vez en mucho tiempo, no estoy segura de si eso es lo que realmente quiero, lo que realmente soy. Albert aún no dice nada solo sigue manjeando y cuando dobla a la entrada del rancho y aparece frente a nosotros, bañado por la luz cálida del atardecer. Me doy cuenta de que, tal vez, ahora tengo más de una razón para quedarme.
2 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección