Capítulo 3
28 de junio de 2026, 13:43
Cuando abrió la puerta, ahí estaba Draco con un bebé en brazos, acostado en una cama del sector de partos del hospital San Mungo. De inmediato, su corazón se inflamó de amor y felicidad; corrió hacia él, tirándose encima con cuidado, lo abrazó tan fuerte que vio cómo su mundo volvía a recobrar sentido alguno. Era como empezar a recibir oxígeno en su alma.
-Él fue a mi casa desde que las noticias salieron en el mundo mágico-comenzó a contar Blaise mirando a Draco. Harry empezó a escucharlo sin despegar los ojos llorosos del rubio que solo miraba a su bebé—. Estaba muy mal por lo que le hiciste -expresó con reproche- Lo cuidé desde entonces, se enteró de que estaba en cinta después de un tiempo- Habíamos pensado en irnos para no.
Blaise había mentido. Joder… lo habían buscado también y había mentido.
Harry, sin pensarlo dos veces, se levantó y, caminando hacia Blaise, le dio un puñetazo en la cara. Sus amigos lo miraron asombrados e impactados por la sorpresa repentina en su débil amigo, aunque ya venían así desde que vieron a Draco. Blaise se tocó la mejilla donde le habían golpeado.
-No tenían ningún derecho- le dijo Harry señalando con el dedo mientras lo miraba con enojo, pero su rostro estaba tan pálido que empezaba a perder la sensibilidad de sus piernas debido a la emoción y se sostuvo de la fuerza para no caer-Pansy y tú no tenían derecho, sé que le hice mucho daño, pero no tenían ningún derecho a separarme de él en este estado.
Blaise tragó saliva y miró a Ron y Hermione, que bajaban la mirada sin decir nada. Draco miró con reojo, pero no reaccionó y siguió mirando a su bebé. Harry volvió a sus brazos, cubriéndolos a los dos, asegurando por medio de su fuerza que no se irían ni desaparecerían por nada del mundo. No quería perderlos otra vez, no ahora. Ahí comenzó a llorar de nuevo, sintiendo el latido de Draco sobre su rostro, quien no lo miró; solo mantenía la vista fija en su recién nacido.
Blaise, por su parte, exhaló un suspiro, teniendo que aguantar las ganas de partirle su madre, pero por una parte comprendía que había actuado de acuerdo al deseo de Draco, aunque eso incluía a su hijo: no avisarle nada a Potter; eso fue el acuerdo, no hasta que sepa qué iba a hacer. Había mentido todo este tiempo y Pansy también, lo reconocía. Pero ya no importaba. Veía que no tenía culpa de nada, sentía un sentimiento a querer lastimar a Potter para devolverle el golpe pero las cosas estaban tan lamentables, desoladas ,que era mejor tranquilizarse aunque le hervía la sangre. Después de todo, la decisión de Draco ante tales circunstancias fue la que el corazón le dictó; hablar con Potter no era lo correcto. Draco no la había pasado nada bien.
-Harry-dijo Hermione, viendo a su amigo junto al rubio-, si Draco no apareció, es porque no podía hacerlo, pero ahora tú ya estás aquí a su lado y con su hijo, por favor, mantén la calma-le pidió acercándose a él con pasos lentos.
Pero Harry no respondió, solo siguió ahí, dejando que Draco sintiera su respiración como los latidos profundos en el brazo..
Nadie dijo nada después de eso; el silencio en la cálida sala del hospital era denso. Harry se mantenía a su lado sin ninguna reacción contraria de Draco. El joven contemplaba cómo empezaba a recobrar la tranquilidad y sentir paz en su interior; aunque, la emoción era una carga opresiva, un peso que amenazaba con derrumbarlo. Agotamiento, dolor desesperación...su cuerpo y mente clamaban por descanso.
Hermione y Ron se acercaron para ver al bebé y, a pesar de que su padre no dijo nada, ellos se quedaron ahí acariciando tiernamente con la mirada y sintiendo una gran pena por cómo estaba Harry. Blaise, imperturbable, se había mantenido cerca de la puerta.
El rubio no habló por más de una hora y cuando lo hizo Draco, sin mirar a Harry, les dijo a los dos cómo se llamaba: James Lucius Malfoy, y mantuvo una breve conversación con los dos, explicó su decisión de quedarse; a pesar de todo lo sucedido, su hijo debía conocer a su padre. Harry había preferido no decirle nada al hombre que amaba; era lo mejor. No quería darle tanta presión después de eso.
Cuando le dieron el alta a Draco, Harry no se despegó de su lado; se fue a su casa con él, quien no le recriminó nada, ya que por su hijo iba a soportar cualquier cosa. Ron y Hermione lo acompañaron a los dos. Era evidente que el ambiente era tenso. Harry se encargó de todo, cuidando de Draco y el bebé, pero el silencio persistía como una barrera invisible entre ellos. Una semana después, Ron observó el desgaste físico y emocional de su amigo: la delgadez, las ojeras, el nerviosismo. Harry necesitaba descansar.
Era verdad, en el primer día el joven dio mucho, y su cuerpo sufrió por culpa del miedo; entonces Ron y Hermione le dieron unas vitaminas. La angustia era más terrible al ver que Draco no le hablaba. Harry reconocía el gran dolor que vivía en su amado. Era comprensible y la llegada de su hijo le había dado un nuevo comienzo, pero relacionarse con Harry por medio del bebé era demasiado difícil. Aun así, Harry se quedó, siendo ayudado en algunos momentos por los elfos. Durmió junto al rubio y su hijo.
Pasó a dar sus primeros pasos de padre junto al rubio, quien mantenía una gran distancia. Herry no sabía nada, era su primera vez y estaba más ansioso que nunca; se sentía como en un sueño ciego; sus ojos no daban más. Draco solo hablaba con Ron y Hermione, pues ambos se habían quedado en la mansión para ayudarlos. Así se comunicaba el rubio con Harry, por medio de Ron y Hermione, que eran lechuzas de corta distancia. Más tarde llegaron los padres del rubio, trayendo consigo una atmósfera más complicada; se negaron a dirigirle la palabra a Harry, excepto la cara de desprecio. Aunque la presencia de estos dos le trajo un poco de alivio a Ron y Hermione, pues se animaron a pedirle a Harry que descansara de una vez. Y como este, al no saber a dónde ir, ya que ninguno de los Malfoy le hablaba, decidió irse a dormir en el sofá, hasta que Draco lo vio y les dijo a Ron y Hermione que había una habitación al final del pasillo. Entonces Harry durmió en esa habitación grande como la del rubio y muy bien abrigada.
Los días pasaban; Ron y Hermione se fueron; los elfos ayudaron a ambos. Y fue en el quinto día después de que los Malfoy se marcharan que Harry decidió de una vez por todas hablar con Draco. Quien le contestó tan cortante y casi en un susurro: “No quiero hablar contigo, no quiero hablar” y, ante la insistencia del joven, volvió a responder: “Por favor, no lo hagas más difícil, dejemos esto así, yo no puedo mirarte a la cara”. Entonces Harry difícilmente aceptó, sintiendo una gran presión en el pecho, pero esto no iba a quedarse así. Dejaría que Draco pudiera recuperarse más hasta que se encontrara el momento más tranquilo para hablar; claro que lo haría.
Justamente después de dos semanas, Draco empezó a hablarle, y solo fue por James; fueron unas palabras cortantes y muy frías. Y Harry, confiado más de esto, le hablaba más seguido, aunque Draco no le respondía la mayor parte. Pero así continuaron las cosas. Y el mes pasó, trayendo visitas, tanto para Draco como para Harry, algo que dio más ánimo al joven.
Y fue pasado dos meses, que Harry se dispuso a acortar esa distancia terrible y dolorosa con Draco, ya que no podía soportar esto. Tenían un hijo y, a pesar de comprender la situación tan difícil de Draco, quería romper ese muro. Se había recuperado un poco, pero estaba cansado de esta frialdad; no se acostumbraba a esto. Quería verse unido a él por completo, también pedirle perdón y llorarle por lo que hizo. Pero Draco no se lo permitió, le contestó tan duramente: "No te atreves a hablar de esto; cuando estemos mejor, lo arreglaremos, llegaremos a un acuerdo". Con lo último se le partió el corazón. Y pasados varios meses, todo se estableció como Draco lo prefirió. Con la conversación que tuvieron, todo fue muy claro para Harry; lo complicado era aceptarlo. Había comprendido la respuesta: no habría retorno a lo que tenían, pero se mantendrían unidos por su hijo.
Así él rubio lo quería, porque ya no deseaba estar con él; tanto dolor había sufrido que lo único que lo sacaba adelante era su hijo. Ver a Harry o sentirle cerca le causaba una desolación muy fuerte; y Harry viendo esto, quería expresar su arrepentimiento y el dolor que cargaba dentro por haberlo lastimado tanto. No quería separarse de ninguno de los dos. A pesar de los ruegos por hablar y tratar de arreglar las cosas, Draco se negó y le expresó sinceramente que no hablaran más del tema porque no podía.
Entonces Harry, sufriendo y renegando, tuvo que pasar a ver a su hijo y después irse, ya que eso era la decisión de Draco, algo que era inaceptable para Harry, pero, viendo lo destrozado el corazón del hombre que amaba, comprendió dolorosamente que era lo mejor. Había perdido a Draco y solo le quedaba su hijo. Se arrepentía como nunca de aquella noche. No se lo podía perdonar, y prefería no hacerlo porque debía castigarse, ya que debido a eso, a su estupidez, ahora estaba viviendo y sufriendo internamente. Se lo merecía, lo comprendía, sabía que era justo. Claro que lo era.
Viendo a James en sus brazos, se dejaba llevar por el amor. En este nuevo caminar reposaba un pequeño ser que respiraba con la misma fragilidad y la misma fuerza que la vida misma. James Sirius Potter. Su hijo. Su pequeño milagro. La piel suave como el terciopelo, el aroma a leche materna y a inocencia pura, la quietud de su sueño profundo… todo era un bálsamo para la herida abierta que cargaba en su pecho.
Pero junto al dolor, floreció algo nuevo, algo que nunca antes había experimentado: un amor incondicional, puro, abrumador. Un amor que lo llenaba por completo, que lo inundaba como una ola gigante, que le hacía olvidar, aunque solo por un instante, el peso de su culpa.
James, su corazón, pero grande ante él, lo trajo de vuelta a la realidad. Era un amor que no conocía límites, un amor que lo empujaba a ser mejor, a luchar por recuperar lo que había perdido. Era un amor que lo convertía en un hombre renacido, un hombre capaz de sacrificarlo todo por su hijo. El cumpleaños de James llegó. Trayendo consigo la unión de ambos, en el que pasaron el día sin pensar en la traición. Abriéndose a la felicidad llegada. Expresándose un maravilloso momento alejado de la tensión, sufrimiento y remordimiento. Tanta alegría desde que salió el sol , había una pequeña luz de esperanza. Harry y Draco se unieron en un vínculo de paz y amor, separados por una barrera que se había tornado por ese día invencible e inexistente ante ellos. El tiempo siguió pasando, Harry cuidando más a su hijo, añorando al pasado, y Draco disfrutando un poco de su tiempo libre, donde trataba de pensar en lo que vivía y lo hacía en la biblioteca. Ahí conoció a Gregory, un hombre encantador a plena vista y bastante amable. El rubio se había tomado la tranquilidad para darse a conocer y así empezar a disfrutar de otras compañías que le tornaban amistades que se volvieron un romance en secreto y confiable. Pero los rumores llegaron a los oídos de Harry, nadie sabe de dónde. Y el joven marchó al lugar con el corazón aprisionado de dolor, dispuesto esta vez a hacer frente a aquella realidad terrible que se le había aparecido, siendo un nuevo problema que tendría que afrontar, algo más difícil todavía por las circunstancias de la vida. Cuando llegó al lugar, lo vio junto al hombre de cabello castaño y ojos marrones. Draco no dijo nada, solo se levantó, dejó el libro que leía en la mesa y salió del lugar. Se encontraron frente a la puerta de la gran biblioteca.
-Te digo la verdad, no me imaginé que esto podría pasar -expresó Harry sintiendo un nudo en la garganta que le empezaba a invadir el corazón-.Creí que podía superar esto, no sabes lo difícil que es esto para mí.
Draco se sorprendió, aunque el dolor llegó, manifestándose como una caída a un vacío que no se puede evadir. Lo sabía, tenían un hijo, pero aun así ambos sufrían por lo que vivían…
.-No me sorprende. Yo creo que esto ya no puede seguir así- dijo Draco.
-James, es mi mundo, me dio la esperanza que había perdido para siempre; pero te quiero a ti también, no me hagas esto por favor - expresó reconociendo que había más cosas que explicar, pero todo parecía que se había aclarado o terminado desde antes de hablar- no me hagas esto- le suplicó tomando su mano y mirándolo a sus ojos con las lágrimas que empezaban a salir - no puedes, no debes.
-¿Qué sabes tú si debo o no? - preguntó Draco con dureza- me has hecho daño ¿y creíste que sólo porque tenemos un hijo tú y yo estaremos juntos?
-Tenemos que hablar de esto- pidió Harry en un suspiro- tenemos que hablar.
-Yo no quiero hacerlo, no lo haré.
-Draco- le sostuvo la mano mirándolo con desesperación mientras su voz se quebraba al decir el nombre- ¿Qué estás haciendo? ¿Quién es ese hombre?
-Lo conocí, ya está, me enamoré - declaró sintiendo como el corazón le palpitaba ardiendo dentro de su pecho.
Harry en su lugar, se quedó inmóvil, sin aliento alguno, parecía que el mundo se había detenido en un segundo, volviéndose una neblina que se adentraba a su mente, devorando su razón, no podía sentir nada, solo su corazón parecía latir muy lejos. Podía morirse en ese instante ya que todo a su alrededor se desvanecía desde su alma.
-Draco- aún así fue capaz de decir su nombre- Draco.
-Ya no quiero hablar de esto, ya no te amo. Y si quieres saber por qué, retrocede el tiempo. No quiero volver a verte.
Se soltó y caminó entrando a la biblioteca sin mirar atrás. Todo había terminado; Harry no podía continuar; con aquellas palabras que escuchó, se había quedado perdido en el limbo. Aunque era reconocible y comprensible que Draco por aquel momento no quisiera hablar de esto, había sido denigrado por su culpa en todo el mundo mágico. Era muy entendible de su parte; Draco no quería verlo y debía cargar con él debido a su hijo.
Así fue como Harry, que no supo reaccionar esa noche, se quedó callado durante un tiempo, tratando de asimilar aquello. Hasta que lo volvió a intentar, obteniendo la misma respuesta e ignorancia dura de parte del rubio. Era doloroso, hiriente y muy lamentable. Draco se volvió más distante y demasiado decidido. Tomó a Gregory como novio, algo que efectuó más discusiones con Harry, que le recriminó de nuevo. Y en una noche, Draco le fue claro: ya no quería estar con él, no lo amaba y lo odiaba. Pero aquellas palabras se expresaban con una angustia, pesadumbre, desconsuelo que combinaba con su mirada, con su rostro desencajado lleno tormento..
El tiempo siguió pasando trayendo sobre la unión de Harry y James un sol que se renacía cada día más, pero en Draco y Harry volviéndose un puente perdido congelado sobre los bosques fríos sin nostalgia al color de la primavera. Harry continuó por su hijo, aceptando y sufriendo por la muralla de Draco que sin importar de la existencia de esto, algunas veces le recriminaba sus salidas con Gregory. Lo que mas le aliviaba era que no entraba muy seguido a la casa de Draco. Después de siete más es, si lo consideró.
Harry estaba enojado y con un gran pesar de culpa que dejó así las cosas porque ya no podía encontrar la forma de salvarlo; pero, más se sentía agobiado. Lo amaba más que nadie y su decisión lo flagelaba ante la realidad. Y conoció a Elvira, una amiga del trabajo que había ingresado recientemente para sus prácticas de auror. La relación al principio fue efímera y hasta que se volvió en una amistad confiable por la lealtad y el respeto, él se animó en un momento extraño y raro a salir con ella. Dos semanas pasaron desde su primera cita y en los lejos de la ventana se podía ver un sol tan pálido dentro de las nubes grises.
Con manos temblorosas, ajustó la manta sobre el pequeño cuerpo, sintiendo el latido de su corazón, un ritmo acompasado que resonaba como un eco de esperanza en el silencio de la habitación. Miró el rostro dormido de su hijo, la pequeña nariz respingada, la boca ligeramente entreabierta, los dedos diminutos aferrados a su pulgar. En esos rasgos delicados, Harry vio un reflejo de Draco, una copia exacta de la belleza que había perdido. Una punzada de dolor lo atravesó, un recordatorio cruel de su error, de la felicidad que había destrozado con sus propias manos.
James dormía plácidamente, ajeno al torbellino de emociones que luchaban en el interior de su padre. Harry lo observó durante horas, embelesado por la perfección de su pequeño ser, sintiendo cómo la culpa se desvanecía lentamente, reemplazada por una determinación férrea: lucharía por su familia, por su hijo, por la oportunidad de reconstruir la vida que había destruido. Porque, aunque Draco aún no estaba a su lado, James era su nueva esperanza, su nuevo comienzo, la razón para seguir adelante. Y en el silencio de la habitación, en el latido constante de su corazón, Harry supo que empezaría a vivir de nuevo, un día a la vez, un momento a la vez, con el amor de su hijo como su brújula. Su pequeño James, su redención.
Aunque en los más íntimos rincones de su corazón sentía que pedía más, más de lo que no se merecía por semejante traición; aunque la vida le hacía ver que era imposible recuperar a Draco; él ya no era el mismo hombre. Ambos mantenían una conversación estable, respetable, aunque en los ojos de uno había desconfianza y dolor. Pero Harry no se dejó arrastrar por tanta presión; se mantuvo más cerca de su hijo que en su propia casa, ahí estaba para amarlo, protegerlo, cuidarlo; por eso dormía cerca de ahí, aprovechando algunas veces dormir en la cama de Draco cuando este conciliaba el sueño primero. Recibía molestias por el rubio, pero al final Draco comprendió que jamás podría apartar a un padre de su hijo. ¿Cómo podría? No era probable; ni en el universo paralelo se podría separar a un padre de su hijo; siempre existiría un vínculo irrompible.
Fue así como Draco lo encontró en esa habitación, percatándose de ese momento que había llegado ante sus ojos por sorpresa; Harry veía a su hijo con la mirada profunda e intensamente hacia su hijo. Era una conexión inquebrantable. Se había emocionado al momento con aquella vista, entonces guardó silencio, quedándose parado sobre él umbral de la puerta para que Harry no se diera cuenta de su presencia. Sintió más que una emoción absorberlo en sus brazos, ahí estaba latiendo un fuego que se abría internamente por sus venas; su alma parecía entregarse a los dos para no querer separarse jamás. Quería observarlos, absorber cada detalle… reconoció estar embelesado, cautivado por Harry y James, conmocionado por el inmenso amor que este expresaba en su mirada. Había ignorado durante tanto tiempo la dedicación de Harry a su hijo, ciego a las acciones más hermosas porque no se dio cuenta; solo los segundos, minutos, horas, semanas, meses eran los testigos de ese amor. No lo había visto. Tan solo en una noche cuando lo descubrió quedó perplejo, iluminado, maravillado y profundamente encantado. El amor por Harry aún latía en su corazón, y ver ese fuego ardiente, igual al de antaño, lo dejó sin aliento. Un torbellino de emociones lo invadió: arrepentimiento, anhelo, esperanza. Se acercó lentamente, impulsado por una fuerza irresistible, deseando unirse a ese vínculo de amor que se extendía entre padre e hijo, un vínculo en el que ansiaba participar, un lugar que anhelaba reclamar como suyo. La mirada de Harry se encontró con la suya, y en ese instante, el tiempo pareció detenerse. Un silencio cargado de significado llenó la habitación, un silencio que hablaba de años de misterios, de secretos guardados, de un amor que había resistido la prueba del tiempo. En ese silencio, Draco supo que todo había cambiado. El pasado, con sus errores y sus heridas, parecía desvanecerse, dando paso a un futuro lleno de posibilidades, un futuro donde el amor, la comprensión y la reconciliación podrían finalmente florecer.
No dijo nada, y cerró la puerta despacio.