La virgen eterna

Gen
NC-21
En progreso
7
Tamaño:
planificada Mini, escritos 46 páginas, 22.328 palabras, 9 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
7 Me gusta 3 Comentarios 5 Para la colección

Capítulo 8: Bajo las mantas

Ajustes
Esa noche, Janice estaba de nuevo en la cama de Jocsan. El colchón se hundía con el peso de ambos. Como siempre que terminaban una sesión sexual, él se quedaba dentro todo el tiempo que quisiera, incluso si eso lo volvía a poner duro para comenzar otra vez. Pero en esta ocasión, Jocsan se había dormido dentro y su miembro se hallaba erecto, caliente como una barra de acero al rojo vivo, y Janice se abrazaba a él porque no tenía nada más que hacer en una noche de insomnio. Disfrutaba mucho de la sensación de él dentro, pero quería dormir y por alguna razón, aunque estuviera tan cansada y relajada después de tres deliciosas rondas sexuales, quería que Jocsan saliera de ella. Por momentos movía las caderas contra él, sintiendo sus testículos reposando pesados contra su perineo. Le encantaba, pero ya no era momento de ello. Jocsan dormía como sedado sobre Janice, de esa forma que le gustaba, con las piernas enredadas y las mantas cubriéndolos al completo. El calor era insoportable, pero también deliciosos. Janice se sentía cocinada debajo de él, y la sensación perezosa del pene moviéndose con cada respiración de Jocsan también era deliciosa. El miembro deslizándose apenas dentro, rozando paredes sensibles, la volvía loca por más. Excitarse con un hombre tan atractivo era fácil, demasiado, por lo que Janice se sintió rápidamente preparada de nuevo para él. Sabía que a él le encantaba que jugara con sus testículos, que las apretara suavemente, que jalase muy poco, apretando y soltando, apretando y soltando, como él hacía con sus pechos. Así que su mano bajó por la fornida espalda hasta las nalgas, donde bajó finalmente entre las poderosas piernas. Ahí, reposando sobre ella, a centímetros de su unión, Janice empezó a acariciar como a él le gustaba. La piel sensible se movió cuando todo él empujó contra ella, Janice jadeó, en extasis, acariciando muy lento, moviendo las caderas cuanto pudo, atrapada como estaba bajo de él. Para ese punto, había aprendido a quererlo, porque lo deseaba. Asi que no se resistía ya a sus embates nocturnos, todo lo contrario, le encantaban, de ahí que empezase a empujar con mayor fuerza sus caderas contra él. De esta forma, lograba levantarlo unos centímetros para después soltarse suavemente, esto lograba una penetración dura y perfecta que le arrancaba suspiros. Jocsan empezó a removerse, pero seguía dormido, así que el vaivén no hizo más que endurecerlo más. Janice seguía masajeando los testículos, sintiendo como la respiración de Jocsan se volvía cada vez más entrecortada y agitada por el placer. La mano que Janice tenía libre fue repentinamente apresada por la de Jocsan, y ella pensó por un momento que se había despertado, pero su respiración seguía siendo somnolienta, aún cuando empezó a embestir contra ella. Había tanto semen, aceite y sus propios jugos, que el vaivén se sentía pegajoso, caliente, de una comodidad perezosa que la estaba poniendo al límite muy rápido. Ella dejó en paz los testículos, para sacar su mano de las mantas y buscar la ánfora con el aceite en la mesa de noche. Haciendo casi malabares, se aplicó un par de gotas en la mano antes de regresar con ella al interior de las mantas para lubricar los testículos que ahora rebotaban con tumbos pegajosos contra sus nalgas. Logró de la misma forma, rodear la base del precioso pene que embestía contra ella. El efecto, como siempre era devastador y rápido. Jocsan se volvía loco inmediatamente y ella caía en un limbo sexual que la hacía alzar las caderas con hambre de más de su señor. Jocsan eyaculó dormido, chorros calientes y espesos inundándola, mezclándose con el semen anterior en una crema ardiente. Pero el pene no se aflojó, siguió duro, latiendo, anidado en el fondo. Janice se corrió con un grito silencioso, el coño estallando en espasmos, ordeñando cada gota, pero siguió atrapada, en ese calor eterno, el placer desesperado.
7 Me gusta 3 Comentarios 5 Para la colección
Comentarios (0)